Apuntes sobre su cría e historia
Ya en el año 1624, en el Manuscrito de Astorga, se habla de unos gallos que se crían en el norte de León.
Desde entonces, ha sido más la forma de ciudarlos que otra cosa lo que ha mantenido una raza única y, sobre todo, la calidad de su pluma.
De ahí que los criadores insistan en que se hagan estudios científicos: para determinar las razones por las que son únicos.