Picadores de luz
El polígono de Bembibre da trabajo a unas 500 personas frente a más de 2.000 que sacaban carbón antes de la reconversión. La cuenca perdió el 18,2% de la población.

El tren se abre paso entre la niebla en la estación de Brañuelas, que fue lugar señero de recepción del carbón, igual que los pequeños emprendedores.
El tren para en Brañuelas seis veces al día. Unos van a Ponferrada y Galicia y otros a León, Madrid, Barcelona... Han levantado vías pero aún se ve la envergadura de lo que fue esta estación señera en el transporte del carbón. Cuatro líneas de baldes llegaban desde el valle del Tremor para alcanzar los vagones ferroviarios y ese largo viaje del mineral a las centrales térmicas y siderúrgicas.
Apenas se ve con la niebla de enero, pero un vecino acierta a apuntar de memoria los puntos de llegada de cada teleférico carbonero: «Allí llegaban los baldes de mina Josefita, aquella otra era la de Antracitas de Brañuelas, que tenía las minas en Espina de Tremor y luego en Torre, y allí la de Antracitas de Almagarinos, la de más abajo era la de Alto Bierzo», explica el hombre.
Él sólo bajo a la mina cuatro meses y después cogió el tren con su oficio de electricista como todo equipaje y trabajó en centrales térmicas, nucleares, fábricas de automóviles. «Ganaban dinero cuatro, los sueldos de los demás no valían para nada y te quemaban la salud», añade.
Los baldes Alto Bierzo cuelgan, oxidados y retorcidos, del cable que aún se mantiene en pie antes de entrar en Brañuelas. Así sorteaban las empresas mineras del Bierzo Alto, donde proliferaron los chamizos, la falta de carreteras. Hoy ningún pozo funciona, aunque los de Alto Bierzo y Malabá, de Viloria, mantienen el expediente de regulación temporal.
Antracitas de Salgueiro, de Victorino Alonso, es otro de los pozos condenados a muerte. Sólo en el término municipal de Torre del Bierzo había antes de la reconversión un total de 19 explotaciones mineras, algunas con apenas una docena de trabajadores como Mina Los Compadres. Más de 1.700 empleos, a los que habría que sumar los de las minas del valle del Tremor y del municipio de Villagatón-Brañuelas.
«De aquella estabas en una mina y te llamaban para otra; además entonces había vacas, cedos y huertas», cuenta Pepe, un vecino de Pobladura de las Regueras (Igüeña) con 80 años y 35 de servicio en la mina. «Entré con 14 años», puntualiza. Conserva un pequeño atajo de ovejas, para no aburrirse.
Ahora los emprendedores son los únicos picadores de un poco de luz abriendo camino entre la niebla de las cuencas. Amortiguar la pérdida del empleo minero se ha mostrado misión imposible, pero esta zona es de las que tienen algo que contar. El polígono industrial del Bierzo Alto, en San Román de Bembibre, llegó a alojar 700 trabajadores en 2008 en más de un centenar de empresas.
Desde 1996, cuando se instala la primera empresa, Embutidos Santa Cruz de Montes, ha sido uno de los enclaves más beneficiados por las ayudas a la reindustrialización debido a su posición estratégica en la A-6, pero también ha sufrido la huida de la debacle económica.
Actualmente, el parque industrial ocupa a medio millar de personas en 80 empresas. La mayoría se mantienen. Algunas, reconvertidas, como Cel-Celis, de la fabricación de células solares al telemárketing, el principal yacimiento de empleo de la provincia leonesa en los últimos años.
La pérdida de población de los municipios de esta cuenca ha sido inferior a la de ortas comarcas mineras. De los 20.034 habitantes que residían en Bembibre, Igüeña, Noceda, Folgoso de la Ribera, Torre del Bierzo y Villagatón-Brañuelas se mantienen 16.369 en el último padrón, del 2012.
Igüeña baja a la mitad
En conjunto, ha perdido un 18,2% de población en 20 años. En particular, Bembibre ha sido la menos perjudicada, con un 6,7% de población menos (algo menos de 700 habitantes) que hace dos décadas e Igüeña la más perjudicada al arrojar una pérdida del 44,9% de su población desde 1991 a 2012, más de un millar de personas.
En Tremor de Arriba dan cuenta de la catástrofe demográfica los pabellones semivacíos de las viviendas de los mineros, aunque la plaza está repleta de coches y en el bar La Estrella, cuyo origen se pierde en los comienzos del siglo XX se mantiene la administración de Lotería. Pobladura de las Regueras es uno de los pueblos del municipio que mejor se mantiene.
Muchos prejubilados han arreglado las casas, ha logrado que la mitad del polígono industrial, que estaba vacío, fuera ocupado hace tres años por el vivero de la Ciuden —donde se forman 46 jóvenes— y cuenta con un circuito de trial donde se ha venido celebrando en los últimos años el campeonato del mundo.
«Aquí soy feliz. Un minero, como se meta en una ciudad, se jode en cuatro días», afirma Felipe, de 48 años. Se prejubiló a los 42 en la empresa Alto Bierzo. Empezó como ayudante en mina Josefita, de la que sólo queda el recuerdo de la escombrera restaurada en el mismo casco urbano de Tremor de Arriba, con 17 años. «Fue una salida que elegí, si no estudié fue porque no quise», explica.
Asegura Felipe que tiene piso en Valladolid, pero frecuenta poco la ciudad. «Si les hace falta a mis hijos, allí está. Para mí en la ciudad sólo hay coches, escaparates, paisanos y paisacanas... Miras a una y ya has visto a todas», dice. En el 2018, fecha que se había dado para finalizar las ayudas al carbón, estará jubilado. Las minas ya sólo tienen de plazo hasta el 2014.
En Pobladura se mantienen tres bares, la Ecoposada, un alojamiento de turismo rural fundado por un ex minero que retornó a la tierra, y cada día de escuela salen en el autobús 12 chicos y chicas al instituto de Bembibre y nueve a la escuela de Tremor de Arriba, donde apenas quedan «dos bares y cuatro viejos», agrega.
Bembibre se resiente
Bembibre frenó el declive demográfico durante años gracias a su posición como cabecera de comarca. Pero el último padrón del INE ofrece un dato muy preocupante. Baja de los 10.000 habitantes en el último padrón y se queda en 9.929 habitantes.
El alcalde, José Manuel Otero, del PP, está dispuesto a llegar al empadronamiento de oficio. Calcula que Bembibre puede tener un millar de personas que son residentes flotantes. «Las aguas tienen que volver a su cauce. No nos podemos permitir perder una de las principales fuentes de financiación del Estado, los tributos por población, y cuatro concejales», subraya.
Torre del Bierzo ha perdido el 27,8% de sus residentes oficiales y en números absolutos más de 900 habitantes, frente a los 700 que resta la capital del Bierzo Alto a su censo. En Noceda del Bierzo el descenso demográfico es del 25% y 225 residentes y en Folgoso el 23,08% al pasar de 1.015 a 760 habitantes. Villagatón-Brañuelas es otro de los más tocados por la huida de vecinos, al perder el 29,5%. Tiene 267 habitantes oficiales menos que en 1991, cuando contaba con 905 residentes.
Seis escuelas en Torre
La merma de población en municipios más rurales, como Torre del Bierzo, crea problemas añadidos a la reducción de la financiación estatal. «Mantenemos seis colegios en seis pueblos en algún caso con un 10% del alumnado que tenían, como es Torre del Bierzo, que pasó de 320 a 32 escolares, pero cuyo mantenimiento nos cuesta lo mismo», apostilla el alcalde, Manuel Merayo.
«De 17 quintos que éramos, quedamos dos», apunta Julio Albares, vecino de 81 años de La Granja, donde se mantiene la escuela con cinco criaturas. Hubo en el pueblo hasta trece bares y ahora no queda ninguno. «Había economato y mucho movimiento de gente, muchos venían con carros para llevar material a las minas de Tremor de Arriba», cuenta el hombre.
Con 16 años entró de pinche en la mina y trabajó en varias empresas, hasta que sufrió un accidente. «Mi padre también trabajó en pozo, cuando el conde Merino, el de la condesa de Sagasta», aclara. Con sus recuerdos se pierde en la niebla que cubre el largo pueblo, donde aún para el tren varias veces al día.
Los últimos jóvenes contratados en la empresa de Viloria Hermanos, en Torre del Bierzo, están en un ERE temporal. La exigua antigüedad no les da ni para derecho a prestación por desempleo. Gairson, de 25 años, trabajó en el pozo Malabá seis meses. Iba a seguir los pasos de su padre, un caboverdiano que llegó al Bierzo a sacar carbón. Pero la crítica situación del sector truncó su camino.
Ha tenido suerte . En octubre le llamaron para entrar al formarse en el taller de empleo de la Fundación Ciudad de la Energía en Pobladura de las Regueras. Este centro nació como escuela taller en el 2009 para desarrollar la formación ambiental en una comarca que cuenta con alrededor de 5.000 hectáreas deterioradas por la minería.
Los 28 jóvenes de la escuela taller son menores de 25 años y su programa formativo, de un año y medio, termina en junio de 2013. En el taller de empleo 16 mayores de 25 años tienen la oportunidad de formarse en actividades ambientales cobrando unos 700 euros al mes hasta diciembre.
En el vivero se aclimatan las plantas, traídas desde Nueva Zelanda, que poblarán el Bosque del Carbonífero, según el proyecto del Museo Nacional de la Energía. «Es el primer centro que ofrece certificados profesionales», asegura su director, Luis del Riego.
El proyecto formativo está financiado por el Ministerio de Medio Ambiente y el Ministerio de Trabajo. «Somos los primeros empleadores del municipio a la vez que se forma», agrega. Son 56 personas las que trabajan en el centro, entre alumnado, formadores y dos operarios de mantenimiento.
Paralelamente a la formación, producen semillas, mantienen las zonas verdes de la Ciuden y restauración de escombreras que, como la de Arlanza. «Realizamos trabajos para el bien común en los municipios del Bierzo Alto, sin cobrar», precisa.
Las instalaciones fueron construidas por el alumnado, restauraron también la escombrera de Mina Josefita, en Tremor de Arriba, y tienen capacidad para producir 100.000 plantas. Las conclusiones de las restauraciones, dirigidas por el Ciemat, han servido para elaborar un protocolo científico extrapolable a cualquier proyecto.
Con estos mimbres, es posible que el Bierzo recomponga los estragos de la minería como se hizo en la cuenca del Rhin. De aquí han salido varias tesis doctorales. En la zona sólo esperan que la crisis no mengüe la influencia económica, formativa y científica del centro.
En la zona hay otro centro señero en formación. La Fundación Santa Bárbara, cuyas instalaciones están a caballo entre La Ribera de Folgoso y Las Ventas de Albares. En la mina escuela se formaron a muchos mineros y en los últimos años a muchos jóvenes expertos en movimientos de tierras que han prestado servicios en obras como el metro de Madrid.
«Es el mejor modelo de formación ocupacional de España, pero ahora es víctima de los recortes», lamenta el alcalde de Torre del Bierzo. Los 2,5 millones de los fondos Miner para su edificio se han visto reducidos a la mitad y sólo dan para una reforma.
El fiasco de los Miner
Merayo ha perdido las esperanzas en el Parque Motor que, junto con el Parque Minero de Fabero, se quedó sin financiación. Al alcalde de Torre le preocupa más recuperar el dinero para la traída de aguas de Las Ventas de Albares, que se esfumó con el tajazo de los fondos Miner.
Tampoco se resigna a que el carbón se acabe como fuente de vida en las cuencas mineras. «La mina no puede ser historia. El precio de la energía seguirá subiendo, se investigará en captura de CO2 y hay un aspecto que no se ha valorado de lo que supone cerrar minas». Se refiere al impacto ambiental de las aguas que saldrán de las minas inundadas: «Tengo la esperanza de que a alguien se le abra la luz; el cierre puede suponer costes económicos y de salud superiores a su mantenimiento con ayudas, aunque haya que reducirlas», sentencia Manuel Merayo.
Los alcaldes del PP no han conseguido hablar con el consejero de Economía Villanueva, a cuya puerta han llamado, y si se les pregunta por la política del Gobierno de Rajoy dicen que hay que achuchar a la Unión Europea, que tiene arte y parte en los plazos y las condiciones al carbón.
La luz que se pica (o picaba ) en las minas leonesas, agrega Benigno Juárez, impulsor de una casa rural, es más limpia que la que se produce con el carbón arrancado «a costa de la explotación de seres humanos y de no respetar el medio ambiente», como en Suráfrica y China. Lamenta también los recortes del transporte público, sin admitir alternativas, en Tremor de Arriba: «Con el carbón de aquí se fundió mucho hierro y se calentó mucha gente y ahora nos dejan sin servicio». En Brañuelas se cerró la última escuela el curso pasado, en Montealegre.