Diario de León

Los caballos que susurran emociones

Pacientes leoneses con enfermedad mental mejoran la autorregulación de su conducta, la autoestima, el cuidado personal y las relaciones sociales con la equinoterapia.

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ana gaitero | león
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«El lunes recibí una gran noticia cuando Noemí me dijo si podía ir a los caballos. Yo dije que sí sin pensarlo dos veces». El diario de Luis recoge la emoción de aquel día, el 6 de noviembre, como uno de los momentos más felices de la terapia con caballos.

Luis vive con un diagnóstico de enfermedad mental. Al principio cuesta arrancarle las palabras. «Nunca había tenido contacto con los caballos», confiesa. Pero cuando empieza a hablar de los nueve meses del programa su conversación fluye y su voz se nota más segura: «He hecho cosas que no me imaginaba que podía hacer y me siento orgulloso, como trotar y montar a caballo», añade.

Luis es capaz de explicar con todo detalle cómo pasó «de la mantilla doble, con la monitora detrás para quitarnos el miedo, a la mantilla simple con montura y solo, por la pista y por fuera». Durante nueve meses, una vez por semana, ha trotado por un nuevo mundo que le ha dado la oportunidad de conocer a los caballos, darles de comer, acariciarlos y montarlos.

Y gracias a la equinoterapia siente «que me relaciono más con la gente, me da satisfacción y sensación de superación». Su caso no es único. Ni es sólo una percepción subjetiva de la experiencia. Luis forma parte de las doce personas con enfermedad mental que a través de Alfaem Feafes-León han participado en una experiencia pionera de equinoterapia en León.

Es la primera vez que la Fundación Carriegos dedica uno de sus programas a personas con enfermedad mental. El resultado ha sido muy satisfactorio. El 42% de las personas atendidas han desarrollado un comportamiento más activo y cooperativo con un aumento de la toma de decisiones.

El 75% ha mejorado la autorregulación de la conducta. Se ha conseguido que el 83% utilicen de forma autónoma las normas básicas de cortesía en el trato y un 58% mejoraron las habilidades de interacción social y suy capacidad de conversación y expresión de emociones, señala la psicopedagoga Noemí González Rubio.

Modes, otra usuaria, lo corrobora: «Me he beneficiado mucho aunque no era partidaria de venir. Me obligaron mi hermano y mi hija y ahora estoy encantada». Le encanta montar a Baloo y sus hazañas en la equinoterapia son conocidas por toda la familia, desde un hermano que está en las misiones en Guatemala hasta su nieta que vive en Burgos, a través de las redes sociales.

Para Bernardo, el tiempo con los caballos ha supuesto «salir de la monotonía del centro ocupacional». Después de diez años en tratamiento psiquiátrico, siente que la experiencia de la montura ha supuesto un avance en su estado. «Cuando bajo del caballo me siento tranquilo y poder mantenerme en él me da seguridad», añade.

El 83% de los pacientes que han participado en la terapia ha favorecido su autocuidado personal y en la introducción de hábitos saludables en su vida. Además, un 49% han mostrado mayor agilidad y coordinación en sus movimientos y un 42% mejoraron su tono postural.

El vínculo emocional con el caballo, comprobado en el 91% de los pacientes, refuerza la capacidad de las personas con enfermedad mental a la hora de afrontar situaciones de estrés. «Ninguno de los pacientes ha sufrido crisis o ingreso en la unidad de agudos de psiquiatría por descompensación en su patología», precisa Raquel Martínez, coordinadora del programa de equinoterapia en Alfaem Feafes-León.

‘San As’, un favorito

Charo fue una de las últimas en incorporarse al programa. «Tuve un ingreso hospitalario y no empecé hasta que salí, en octubre», explica. Con el paso del tiempo y el contacto con As, «San As», dice, su montura preferida, «me ha aumentado la autoestima y sentía una relajación tremenda». «Las malas emociones se disuelven», agrega, y, en cambio, afloran a su estado de ánimo sentimientos de «ternura, amor, un cariño tremendo».

Charo destaca «la paciencia de las maravillosas monitoras y la convivencia entre nosotros». Las palabras de su psiquiatra avalan sus sensaciones: «Me ha dicho que he mejorado mucho, que hay un cambio completo en mí».

La evaluación concluye que «el 66% de las personas que participaron en el programa han mejorado su autoconfianza y autoestima y un 49% se siente integrado satisfactoriamente en el grupo de participantes y en la dinámica de la actividad».

«¡A los caballos!», es una de las expresiones más repetidas en los diarios que han elaborado con sus impresiones de las sesiones de equinoterapia. «Hoy he montado el segundo», comenta Luis orgulloso en su cuardeno.

Amador, de 33 años, se siente especialmente orgulloso de su logro porque «en mi familia ha habido afición y lo he hecho bien. En cuatro o cinco días pude ir solo y me han dicho que tengo cualidades». Su favorito es Romero, «por las hechuras», dice como el mejor entendido en la materia. El afecto hacia el animal y su contacto facilitan la expresión de sus sentimientos. «Normalmente me cuesta expresarme con la gente y el con el caballo me resulta natural», explica.

Entrenamiento especial

Los caballos reciben un entrenamiento especial para cumplir con su misión terapéutica durante al menos tres meses. Los seleccionados pasan un riguroso filtro y una vez que forman parte del programa «necesitan un mantenimiento diario», explica Álvaro de la Puente. Son caballos de carácter apacible y noble, de buenas actitudes y maneras y que toleran el trabajo rutinario.

Suelen ser adolescentes, en torno a los ocho de edad, porque su estado emocional ya es estable. Debe moverse hacia adelante fácil y libremente.

Aún así, cuando tienen una «carga de trabajo hay que darles descanso» porque los caballos «también sienten todas las emociones que las personas descargan sobre ellos», matiza el gerente de la Fundación Carriegos.

Para Nacho, gran aficionado a los puzzles y a estar en casa, el programa ha sido descubrir «sensaciones nuevas» y aumentar la convivencia con otras personas. En la pista, uno de los ejercicios que supone para él un gran reto es encajar unos aros de plástico en una barra que está por encima de su cabeza manteniendo el equilibrio sobre la montura. Su altura no le permite encajar muchos aros, pero se mantiene firme y seguro sobre el caballo. Objetivo conseguido. Nacho recibe un gran aplauso de sus compañeros y de las monitoras que observan el ejercicio.

Luis hace el mismo ejercicio con los ojos cerrados. Su altura le permite alcanzar la barra con la mano sin esfuerzo. Lo hace serio y con mucho aplomo. Otro aplauso para él. El día amaneció nublado y quieren caer unas gotas de agua, pero salen a dar una vuelta por el campo. Todos tienen pena porque el programa llega a su fin. Por esta temporada.

«Hemos buscado financiación para continuar el próximo curso y algo tenemos, pero de momento sólo para seis », explica Rosa Conde, gerente de Alfaem Feafes-León. El programa de terapia ecuestre fue presentado con mucho éxito en las jornadas técnicas de Feafes Castilla y León sobre terapias alternativas en salud mental.

Se trata de una actividad muy costosa. «Es la primera vez que realizamos la actividad con un grupo de personas con enfermedad mental», señala De la Puente. El coste de la sesión es de 54 euros. «Las familias y las personas afectadas no pueden permitirse este precio y conseguimos que la Fundación Iberdrola nos financiara con 20.000 euros, de tal manera que los usuarios tienen han pagado 40 euros al mes», añade Conde.

El primer contacto de Alfaem-Feafes León con la terapia ecuestre fue a través de una salida de presos con enfermedad mental de la cárcel de Mansilla de las Mulas. «Fue tan grata que decidimos incluirlo para nuestros usuarios en el programa de autonomía personal», explica.

Buscando ayuda

Para la próxima temporada aspiran a conseguir suficiente financiación, 38.000 euros, para proseguir con la terapia ecuestre con un grupo de 12 personas y organziar un campamento de 25 días en la finca El Caserío, de Villarrodrigo de las Regueras, para personas con enfermedad mental de las sedes de Alfaem Feafes-León en Ponferrada, Astorga, Villablino y la capital.

La presidenta de la asociación, Asunción Sedano, lamenta que sólo pueden disfrutar de las nuevas terapias las personas que tienen recursos debido al golpe que los recortes sociales han dado a las organizaciones que trabajan con la enfermedad mental. «Estas cosas novedosas son muy importantes para promocionar la vida independiente y aunque cuesta mucho trabajo sacarlas adelante no podemos rendirnos», subraya.

Alfaem Feafes-León atiende a más de 300 personas y sigue adelante con el proyecto de la residencia pese a que la Junta no ha cumplido su compromiso de aportar el 70% de la financiación. La residencia debería estar finalizada en junio de 2013, pero sólo se ha conseguido sacar adelante el proyecto, para el que la Consejería de Familia aportó 200.000 euros. No tira la toalla.

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