Diario de León

LA PROCLAMACIÓN DEL NUEVO REY

El rey ha abdicado. ¡Viva el rey!

Juan Carlos I pone el punto final a su reinado en una ceremonia en el Palacio Real y da paso a la era de Felipe VI con la sanción de su última ley, la que en apenas 45 palabras certifica su renuncia y el relevo.

El rey Juan Carlos se abraza a su hijo tras abdicar

El rey Juan Carlos se abraza a su hijo tras abdicar

Publicado por
paula de las heras | madrid
León

Creado:

Actualizado:

No había precedente del que tomar nota para dar solemnidad al último acto de Juan Carlos I como jefe del Estado. A pesar de que sólo cuatro de los diez Borbones que han reinado en España murieron sin ceder la corona, el único que lo hizo de manera voluntaria, sin exilios de por medio, fue Felipe V en 1724. Y no valía de ejemplo, por lo lejano y porque antes de un año el fallecimiento de su hijo Luis I le obligó a retomar sus antiguas funciones. Así que todo fue inédito en la ceremonia en la que ante unos 160 ilustres invitados el monarca sancionó su última ley, la que en apenas 45 palabras certifica su abdicación y la sucesión automática del hasta ahora Príncipe de Asturias. No hubo palabras por su parte, pero sí gestos locuaces: como padre, don Juan Carlos se entregó a un emotivo abrazo con su vástago; como rey, le empujó suavemente al puesto preferente que él ha ocupado hasta ahora.

Con su rúbrica, efectiva a partir de las 00.00 horas de hoy con la publicación del texto en el Boletín Oficial del Estado, don Juan Carlos puso fin a casi 39 años de un reinado que empezó con dificultades, pero que ha terminado por ser uno de los más largos y prolíficos de la historia de España. El hombre de 37 años que accedió al trono el 22 de noviembre de 1975, como había dejado «atado» el general Francisco Franco antes de morir, ha renunciado ahora a él de manera consciente para dar paso a una nueva generación «decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando». Eso fue lo que él explicó en su discurso del 2 de junio, releído ayer en voz alta para la ocasión por el subsecretario de la Presidencia, Jaime Pérez Renovales.

«Contento»

En su despedida, madurada, según el relato oficial, desde el pasado enero y precipitada tras las elecciones europeas del 25 de mayo en las que los dos partidos de gobierno que han sostenido la monarquía vieron peligrar por primera vez su supremacía, don Juan Carlos a duras penas pudo contener las lágrimas. También le costó enormemente hacerlo, según confiesan en su entorno, el día que anunció a los españoles su decisión de abdicar en un mensaje televisado que tuvo que cortar y repetir en varias ocasiones. Quizá por eso, en esta ocasión prefirió no mediar palabra y aferrarse a lo simbólico. Aunque quienes departieron con él, en el cóctel que se ofreció acabado el acto en los salones del Palacio Real aseguran haberle visto «contento», «socarrón, como siempre», hablando de fútbol, pocas horas antes del partido España-Chile.

Don Juan Carlos, que pese a su mejoría física tras la quinta operación de cadera aún camina con cierta dificultad y acompañado de un bastón, parece tener claro, a sus 76 años, que él ya no es el jefe de Estado que precisa España, que otra gente ha de desempeñar ahora el «papel protagnista». Y tanto quiere llevar esa premisa hasta su último extremo que no asistirá hoy a la proclamación de Felipe VI ante las Cortes, según argumentan en la Zarzuela, para dejarle que brille solo. El de hoy no será su día pero sí lo fue el de ayer. Y así lo debió sentir él mismo. «¿Ves a toda esta gente? -dijo cogiendo del hombro a la princesa Leonor cuando correteaba entre los invitados a la jornada histórica- Me han ayudado mucho y a ti también te van a ayudar». Esa es una de las anécdotas que cuentan quienes tuvieron la oportunidad de brindar con él en su adiós y que dan cuenta de su buen talante, extensible a la reina Sofía.

El aún rey fue recibido con un sonoro aplauso al entrar en el Salón de Columnas del Palacio de Oriente, el mismo utilizado para la rúbrica del Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas en 1985, al que también se quiso dar una gran trascendencia.

En el acto se contó con las máximas autoridades del Estado y con su familia. La gran ausente, de nuevo, la infanta Cristina, apartada desde otoño de 2011 como consecuencia del caso Noós, en el que está imputada.

tracking