Dos hermanas con destinos muy diferentes
La princesa Leonor y su hermana Sofía demuestran que conocen sus obligaciones.
Subir a una tribuna y ser el objeto de las miradas de medio millar de desconocidos es un ejercicio que, por sí solo, intimidaría a cualquier persona. Mucho más a dos niñas de ocho y siete años. Este es el reto que tuvieron que superar ayer la princesa Leonor y la infanta Sofía durante los tres cuartos de hora largos que duró la ceremonia que proclamó a su padre como nuevo rey. Ambas pasaron el examen con nota muy alta, un buen principio, sobre todo para Leonor, que tiene la responsabilidad añadida de ser la heredera de la Corona. La última vez que España tuvo como princesa de Asturias a una niña fue hace 180 años, con Isabel II. Antes de que la comitiva real partiera del palacio de la Zarzuela, sobre las diez de la mañana, Felipe VI hizo una carantoña a su hija mayor y le señaló el camino hacia el coche que lucía el estandarte de príncipe de Asturias, una insignia que marcará su vida a partir de ahora. El monarca recordó a su primogénita que, a partir de ahora, no siempre viajarían juntos por la condición de sucesora de la niña.
En las últimas apariciones, ha quedado patente que la Reina está muy pendiente del comportamiento de sus dos hijas, aunque pone especial hincapié en corregir los inevitables errores de unas niñas por muy pricesa e infanta que sean; como, por ejemplo, mantener las piernas juntas, no tener las manos cruzadas mientras permanece en su asiento o mirar con gesto de sorpresa o interés a las personas que tiene delante.
A doña Letizia le disgusta vestir a sus hijas de manera parecida. Y en un día tan especial, mantuvo la pauta y los trajes tenían un diseño similar, con la evidente diferencia del color. La reina optó por recurrir a dos modistas de su confianza, las asturianas Nieves García Torres y Teresa Fernández Castro. Los vestidos, que llegaron a Madrid el martes, son brocados, de seda natural y manga francesa. El de Leonor, de color rosa muy pálido, y el de Sofía, azul verdoso. Sus zapatos, tipo bailarinas, también son de una firma española, Eli 1957.
Felipe de Borbón tenía siete años y dos meses cuando vio a su padre, convertirse en rey. Leonor comparte con su padre esa precocidad. Su infancia, a partir de ahora, será diferente a la de su hermana Sofía. Un cruce de destinos que comienza a notarse.