Publicado por
La semana política que empieza Fernando Jáuregui
León

Creado:

Actualizado:

C uántas veces los aplausos y vítores de los ‘fans’ y de los amigos, en un mítin o en la presentación de un libro, igual da, han engañado a un líder político, a un autor, sobre la verdadera calidad de su obra. Es verdad que a Pedro Sánchez, en Galicia, en Euskadi o en la fiesta de la Rosa en Gavá, le aplauden a rabiar cada vez que repite eso de ‘no es no’. Y que el aún líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, en un (demasiado, ay) vibrante discurso, le dijo aquello, que este domingo era titular en no pocos medios, de «¡Pedro, por Dios, líbranos de Rajoy!».

En eso, y en la hostilidad manifiesta de una mayoría de ‘barones’ socialistas frente al presunto apoyo total de la militancia, apoya Sánchez su estrategia de cara a su comité federal, en el que le van a pedir cuentas de los resultados vascos y gallegos: hay mucha gente en ese órgano, el máximo del PSOE entre congresos, que patentemente no quiere ya a Sánchez. Otros, a saber si son más, sí le quieren. Lo comprobaremos este sábado de presumible batalla, aunque ya verán que quizá no será para tanto.

Así que la previsible ‘hoja de ruta’ de un Sánchez ya lanzado a la vorágine sería más o menos esta, descartado ya de plano el apoyo de Ciudadanos a sus planes: hay que regenerar y renovar el partido, basarlo en la militancia y no en los representantes territoriales, que son lo antiguo, buscar una alianza con Podemos antes de que Podemos nos acabe fagocitando y tratar de convencer a los nacionalistas y, si se puede, a los descaradamente separatistas, de que aparquen sus obsesiones de secesionismo, porque lo fundamental es echar al corrupto Rajoy. Así, el PSOE podría incluso presentarse como el ‘pacificador territorial’ y el modernizador radical de una España que ahora vive en el inmovilismo gracias a Rajoy.

Sospecho que el plan le va a salir mal a Pedro Sánchez. Primero, porque jugar, a estas alturas, con el fuego de Esquerra Republicana no es lo mismo que hablar con el muy tratable PNV de Iñigo Urkullu. Segundo, porque el Gobierno que saldría de la mezcolanza, si es que todos aceptasen las condiciones para jugar en ese juego, irritaría a muchos millones de españoles, que piensan que las elecciones las ha ganado ese Rajoy al que se trata de desalojar a toda costa de La Moncloa. Tercero, porque el previsible refuerzo en la alianza de PP y Ciudadanos impediría llevar a efecto las reformas imprescindibles que, en cambio, una alianza de Ciudadanos y PSOE frente a un Gobierno de Rajoy sí facilitaría, a base de gobernar desde el Parlamento en una oposición ‘constructiva’ al Ejecutivo, que sirviese de acicate al escaso entusiasmo reformista de Rajoy.

No, con estos mimbres, entre los que se incluye el hecho de que nadie en el Comité Federal vaya a atreverse a proponer la abstención del PSOE para que Rajoy salga investido, esa investidura de Rajoy se hace imposible: que no espere tampoco apoyo alguno del PNV. Y creo que la investidura de Sánchez, también se hace imposible. Porque ya me dirá usted cómo va a convencer al Partido Demócrata catalán, a los de Esquerra y a los de Bildu para que se olviden durante un par de años de sus aspiraciones básicas en aras de llevarle a él, Sánchez, a una investidura que, a su vez, le sitúe en el principal sillón monclovita. Para colmo, el miércoles, un año después de las elecciones catalanas, Puigdemont va a salir con bien de una moción de confianza en el Parlament basando su discurso en los plazos ciertos para una independencia que él sabe muy incierta.

Volvamos, pues, al origen del asunto: a partir de ahí, Sánchez puede hacerse fuerte con los suyos y frente a los ‘otros’ suyos, reclamando un inmediato congreso federal intentando perpetuarse en la secretaría general frente a una posible candidatura alternativa de Susana Díaz (lo siguen asegurando por Sevilla) y apelando directamente a la militancia.

Un suicidio que romperá el partido, lo hará insignificante en esas temidas y cada día más probables terceras elecciones y le lanzará a él directamente a los infiernos de los derrotados. En buena parte, por su propia culpa; pero también el partido, el PSOE, ha jugado un papel muy importante en el muy previsible descalabro que, si no se toman a tiempo las medidas urgentes, va a sufrir el Partido Socialista: ha impedido muchas cosas al secretario general, no ha reaccionado ante los dislates, ha aceptado como bueno que todo valía para echar a Rajoy, cuando, en realidad, lo que se está haciendo es consolidar a Rajoy al frente del Gobierno.

Cargando contenidos...

Un disparate, vamos. En Podemos, las dos fracciones se frotan las manos: solamente acceder a un Gobierno con Sánchez, con el que después ya se vería lo que se hace, puede reconciliar las estrategias tan dispares que nos muestran Iglesias y Errejón. Interesante debate, por cierto, el que han abierto sobre lo que debe ser la izquierda, que tiene no poco que ver con el del laborismo británico que acaba de reelegir a Corbyn, líder del ‘ala izquierdista’. Aunque, bien mirado, también puede que Sánchez, olvidando que esto no es Gran Bretaña ni Rajoy es Cameron, y que aquí se conduce por el otro lado, quiera ser una especie de Corbyn en versión joven, alta y guapa. Maaadre mía...