Retrospectiva
Las cinco Diadas que dejaron huella
El independentismo lleva desde el año 2012, reuniendo a cientos de miles de personas en sus manifestaciones y exhibiendo músculo para condicionar la agenda de la Generalitat de cara al resto.

Manifestación a favor de la independencia. ADRIÁN ROPERO
Cristian Reino | Barcelona
De 2012 a 2017. De Diada en Diada y de manifestación en manifestación. Así ha transcurrido la política catalana en los últimos cinco años, marcados por el proceso independentista catalán y el enfrentamiento entre las instituciones de Cataluña con las del resto de España. La reclamación de un referéndum y la secesión de Cataluña han sido una constante en todas las protestas organizadas por tres platafomas soberanistas: la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural y la Asociación de Municipios por la Independencia.
2012: Arranca el proceso
La primera gran movilización del 11-S se celebró en plena crisis económica y un año después de que cientos de radicales asediaran la Cámara catalana para protestar por los recortes del gasto social, lo que obligó al presidente de la Generalitat, Artur Mas, y a la presidenta del Parlamento, Nuria de Gispert, a acceder al hemiciclo en helicóptero. Mas, tras la sentencia del Estatuto en 2010, amenazó a Rajoy con que si no dotaba a Cataluña de un sistema fiscal similar al concierto vasco pondría rumbo a la independencia. La protesta de la Diada desbordó todas las previsiones, incluidas las de los miembros del Ejecutivo catalán. El resultado de la protesta sirvió a Mas para acudir reforzado a la Moncloa a reclamar el pacto fiscal. Tras el ‘no’ del presidente del Gobierno, el dirigente nacionalista puso la directa hacia el derecho a decidir. Entre 600.000 y dos millones de personas se manifestaron.
2013: El soberanismo redobla la apuesta
Las plataformas convocantes presionan a Mas, que tras las elecciones de noviembre de 2012 gobierna con Esquerra, para que convoque un referéndum en 2014. Mas trata de negociar con el Gobierno de Rajoy. El soberanismo empieza a mostrarse como un frente poco granítico. Según el CEO, a finales de 2013, el sí a la independencia tenía un apoyo del 47,1%, frente al 40,7% del no. Bajo el lema «Vía catalana por la independencia», entre 400.000 y 1,6 millones de personas formaron una cadena humana de 400 kilómetros.
2014: Forcadell pide a Mas «posi les urnes»
A dos meses para el 9-N, la presidenta de la ANC pronunció el célebre «president, posi les urnes». Finalmente, hubo urnas. Votaron 2,3 millones de personas (el 37% del censo). El sí ganó con el 80%. Semanas después, la Fiscalía se querelló contra Mas. Según el CEO, a finales de 2014, el sí a la secesión tenía un apoyo del 44,5% y el no, del 45,3%. Bajo el lema «9-N votaremos, 9-N ganaremos», entre 520.000 y 1,8 millones de personas formaron una enorme V.
2015: Mas insiste en que «el 27-S será el refréndum definitivo»
La Diada inició la campaña del 27-S, convocada en clave plebiscitaria para celebrar el «referéndum definitivo». Junts pel Sí y la CUP obtuvieron la mayoría absoluta de escaños, pero el 47% de los votos. Mas se alió con la CUP, que después le cortaría la cabeza. Puigdemont prometió la independencia en 18 meses. Según el CEO, a finales de 2015, el respaldo a la ruptura era del 46% y el rechazo, del 48%. Bajo el lema, «Vía libre hacia la República catalana», entre 550.000 y 1,4 millones de personas se manifestaron en Barcelona.
2016: Puigdemont avisa: «Referéndum o referéndum»
La Diada llegó tensa después de que la CUP tumbara los presupuestos y Puigdemont tuviera que someterse a una moción de confianza. La superó, pero cediendo a la CUP. Aunque la reivindicación no estaba en el programa, el presidente de la Generalitat prometió «referéndum o referéndum».