«Era su ilusión y yo voy a llegar hasta el final, tarde lo que tarde»
La viuda del primer español que reclamó daños por enfermedad a Tabacalera y el Estado sigue esperanzada con el proceso
María Jesús tiene el alma y la ropa teñidas de luto; sólo han transcurrido cinco días desde la muerte de su marido, José Calderón, el primer español que inició un proceso judicial contra Tabacalera -hoy Altadis- y el Estado por entender que el síndrome de Buerguer que padeció durante veinte años fue provocado por el tabaco. -¿La muerte de su esposo va a frustrar la continuidad de la batalla que inició contra las tabaqueras? -Yo voy a seguir porque esa era su ilusión. Pretendía llegar al final y yo voy a acabar su lucha, tarde lo que tarde, me da igual. También depende de lo que me diga el abogado, pero en principio mi idea es respetar lo que quería y seguir adelante. -¿Qué pensaba José en este último tiempo respecto a su caso, tenía esperanza? -Él seguía pensando lo mismo, tenía la certeza de que al final íbamos a ganarlo. Nunca cambió de opinión. Independientemente de las sentencias negativas o no, él seguía pensando que le iban a dar la razón. El último día de su vida todavía estuvimos hablando de ello. -¿Clínicamente está constatado que su fallecimiento tiene relación directa con el tabaquismo? -Hace cinco años, después de haber tenido los infartos, evolucionó y estaba bastante bien, hasta agosto de este año, que le tuvimos que ingresar por problemas digestivos; estuvo muy mal. En septiembre parece que se recuperó un poco, pero después empezó a perder el apetito y el jueves finalmente pegó un bajón tremendo, desvariaba y yo veía que no estaba bien. Le llevé al hospital y a las once y media... ...se acabó. Cuando hablé con la médica no sabíamos por qué podía estar tan mal. Y yo tampoco quería dejar que le hicieran muchas cosas porque estaba delicado, pero me recalcó que todo era debido a su enfermedad y que no había que buscar nada especial. Era su enfermedad que estaba ahí y que le había tocado el resto de los órganos. -¿Qué tiene ahora en mente? -Se te pasan muchas cosas, pero una de las mejores que él tenía es cómo nos contagiaba su forma de pensar y la fuerza que nos daba para que el negocio fuera bien y para que nuestros hijos estuvieran bien colocados en el futuro. Todo eso lo voy a continuar, no sé si lo haré peor que él... -Desde luego José era muy positivo y tenía un gran sentido del humor. Estaba convencido de que aún iba a enterrar a muchos. -Cierto, sí que lo decía, y era porque había muchos que lo «iban» a enterrar ya. -¿Ahora tiene la sensación de que el proceso judicial ha ido quizá demasiado despacio? -No, que va, al contrario. Si miras juicios de otros que conoces, a lo mejor han pasado ocho años y no tienen sentencia. Esto empezó hace seis años y ya ha habido dos sentencias. Creo que el abogado se ha preocupado de llevar las cosas bien. -Sinceramente, ¿cree que van a salir beneficiados en este litigio? -Sí, sí, sí. Si no sale ahora, pues hasta donde se pueda llegar. Él siempre decía eso: «Hay que llegar hasta donde se pueda llegar». -¿Cuál es su mensaje para los fumadores, para la Administración y para los productores de tabaco? [El hijo mayor de José y María Jesús, de 20 años, presente en la entrevista, contesta espontáneamente: «Que hagan caso de lo que dicen las cajetillas de tabaco»] -No sé cómo decir esto, ni cómo plantearlo. En el momento que él supo que el tabaco le provocó la enfermedad, lo dejó. El tabaco hace daño y ahí está su caso. Él sí que llevó una cruz a cuestas: fueron veinte años de dolores, de sufrimiento y de muy pocas alegrías. Y, sin embargo, estaba para bailar una jota todos los días.