Hubo un antes, habrá un después
ISRAEL, por fin, mató al jeque Ahmed Yasín, fundador y guía moral del Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamas), el ala dura del islamismo palestino combatiente y responsable de la mayoría de los atentados que en los años de la segunda Intifada han causado tantos muertos en Israel. Yasín estaba condenado a muerte, sin proceso desde luego, porque el gobierno Sharon había asumido que era un objetivo legítimo en su campaña de asesinatos selectivos. Ya en septiembre se salvó por un par de minutos de otro misil judío. Esta vez murió en un ataque contra su coche que causó la muerte de otras siete personas. Con estos antecedentes la muerte del viejo jeque, paralítico y casi ciego, no es una sorpresa, en puridad. Lo es más la rápida difusión en Israel de que el propio Sharon había dado la orden (se supone que el primer ministro autoriza cada ejecución extrajudicial, lo mismo que su suspensión temporal, según las circunstancias) y el marco general del hecho: cuando Sharon está intentando vender su plan de separación. En efecto, el río de sangre que fluye sin parar en la banda de Gaza no es esta vez la represalia por el atentado del día 14 (diez muertos). Es el resultado de una táctica política del Gobierno: Sharon ordenó ataques sin tregua para dejar el territorio y sus infraestructuras muy dañados antes de abandonar las colonias allí, parte de su plan de conjunto. Tal plan, que prevé evacuar 17 de los 21 asentamientos, es criticado por los ultras por su oposición de principio a desprenderse de un solo metro cuadrado de tierra ocupada y el Ejército lo ve mal porque entiende que, como pasó en el 2000 con la retirada en Líbano-sur, podrá ser interpretada como un éxito para los combatientes. Entonces se adoptó la pedagogía del terror: nos iremos, pero en plena victoria de modo que quede claro que es un paso voluntario. El plan Sharon, sin embargo, no ve a Gaza como un primer paso sino como parte de un todo: cederá también las colonias aisladas en Cisjordania y se anexionará el resto, en una geografía más o menos esbozada por el muro en construcción. El primer ministro debe viajar pronto a Washington y espera obtener allí luz verde. Israel quiere además que los palestinos renuncien a su derecho al retorno, reconocido por la ONU. Es este contexto el que, probablemente, le ha costado la vida al jeque Yasin quien, por cierto, era un refugiado.