El líder catalán acusa al PP de querer devolver la pelota del «Prestige» con la crisis del Carmel
Maragall pide unidad al tripartito ante la ofensiva de la derecha
El president asegura que CiU tiene la «necesidad impulsiva de revancha»

Pasqual Maragall bromea con Joaquim Nadal durante la reunión de ayer
Pascual Maragall solicitó ayer «unidad» a sus socios del tripartito para hacer frente a lo que considera una «ofensiva política en toda regla contra el gobierno catalanista de izquierdas y su presidente». Se refería de esta forma a la querella presentada contra él por CiU, una formación que según Maragall «tiene la necesidad impulsiva de revancha contra lo que consideran una usurpación del orden natural político de Cataluña». El presente de la Generalitat, que participó en el Consell Nacional del PSC, se refirió también a la moción de censura presentada por el PP para señalar que este partido «ha visto la opción de erosionar» al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y pretende «devolver la pelota del Prestige con lo del Carmelo». Con esta crisis política, el consenso alcanzado por los cinco partidos con representación en la Cámara catalana (PSC-CpC, CiU, ERC, ICV-EUiA y PPC) en torno al Estatuto de autonomía está seriamente en peligro. El presidente de Convergència i Unió (CiU), Artur Mas, ha sacado las uñas y dejado claro que las acusaciones de Maragall son «un gravísimo error que rompe el diálogo» y «quién haga insinuaciones de corrupción a los Gobiernos de CiU tendrá que responder delante de los tribunales». El descontento en CiU es considerable y los sectores más radicalizados consideran muy difícil volver al diálogo con Maragall. Habrá que ver lo que ocurre con la querella de los nacionalistas y lo que pasara en el debate sobre la moción de censura de los populares, pero un viento de crisis institucional y política sopla en Cataluña. Tanto es así que no se puede descartar que Maragall se vea en la obligación de convocar elecciones autonómicas anticipadas. La declaración institucional del president Maragall, muy dura contra CiU por su querella, amable en las formas y en el fondo con la moción de censura del PPC, no ha calmado los ánimos. Al revés: Gobierno y oposición se han atrincherado en sus posiciones. Los sectores de ERC afines a Josep Lluís Carod-Rovira esperan obtener algunos beneficios y ganar posiciones en el partido, aunque lo tienen relativamente difícil, porque el bloque institucional, capitaneado por Joan Puigcercós, ha situando en los órganos dirigentes a personas de su absoluta confianza. Por su parte, los ecosocialistas y neocomunistas de ICV-EUiA son más bien unos convidados de piedra en esta crisis. Por parte de la oposición, el PP es consciente de que con sus 15 diputados no tiene fuerzas suficiente para condicionar la vida política catalana, pero sí para erosionar a Maragall y a sus socios. Los principales dirigentes de CiU han asegurado que no llegarán a ningún tipo de pacto con los populares para desbancar al president, entre otras cosas porque sus bases más nacionalistas no se lo perdonarían y no olvidan los efectos negativos de la alianza que el PP estableció con la federación en la época de José María Aznar. «Los ataques de las derechas catalanas suponen una ofensiva política en toda regla contra el gobierno catalanista y de izquierdas» PASQUAL MARAGALL Presidente de la Generalitat «Con esta crisis desatada en Cataluña, los vascos se están hartando de reir de nosotros» JORDI PUJOL Presidente fundador de CiU