Diario de León
Los cardenales durante la reunión de ayer en el Vaticano

Los cardenales durante la reunión de ayer en el Vaticano

Publicado por
Íñigo Domínguez - roma
León

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Son tantos los pormenores y detalles contemplados en los ritos de los próximos días, un denso periodo que culmina en la proclamación del próximo pontífice, que la Santa Sede creyó conveniente explicar todo bien claro de forma didáctica. Es una herencia de la transparencia del estilo Wojtyla . El maestro de ceremonias del Vaticano, el hombre de pelo blanco que aparecía siempre a las espaldas o al flanco de Juan Pablo II en las misas, fue el encargado de impartir ayer a los periodistas una auténtica clase de protocolo que duró casi una hora. Piero Marini acudió con dos gruesos volúmenes que su oficina ha venido preparando desde hace años. Uno explica los ritos del periodo de Sede Vacante. El otro, el cónclave. Fueron aprobados por Wojtyla en 1998 e imprimidos en el 2000, pero fueron presentados ayer. «Ya ven que cuando se quiere se puede mantener un secreto», bromeó Marini. Son la base de todo el protocolo junto a la constitución apostólica Universi Dominici Gregis , de 1996, que el Papa escribió para regular el proceso de sucesión. Luego, Marini repasó las principales novedades y curiosidades. Juan Pablo II será preparado para el funeral dentro de la basílica con una breve ceremonia. En este rito hay una pequeña novedad: se le colocará sobre el rostro un velo de seda blanca antes de introducirlo en el féretro. Mientras tanto, está previsto el rezo de una oración que Marini leyó en la rueda de prensa, un tanto emocionado. «Que su rostro del que sea ha ausentado la luz sea ahora iluminado por siempre de la verdadera luz», dice en unos de sus pasajes. En el ataúd de ciprés se introducirá la mitra del pontífice y dos sacos de monedas de bronce y plata. «Antes era dinero de la época, para atestiguar las fechas del pontificado, pero esta vez, con este lío de la lira, el euro... Al final serán las medallas del papado», explicó Marini. Él mismo leerá el rogito , un documento en latín que narra la vida del pontífice y que luego se encierra en un tubo. Después, también se deposita en el féretro. No quedará dentro, como se ha rumoreado en Polonia, un saquito de tierra de este país, una tradición de la patria del difunto Papa. «No podemos cumplir los deseos de todo el mundo, sería muy difícil», dijo el prelado. Este ataúd será introducido en uno de plomo y, a su vez, éste en otro de nogal. Las exequias del viernes durarán tres horas, de diez a una, y la ceremonia de sepultura, una media hora. Una de las grandes innovaciones de este cónclave es que los cardenales podrán alojarse en un hotel , la Domus Santa Marta, situada dentro de la Ciudad del Vaticano, a la izquierda de la basílica. Por primera vez, después de siglos de incomodidades y penurias, los electores no deberán estar recluidos en la Capilla Sixtina y sus inmediaciones. «Los pobres cardenales vivían en oficinas divididas de forma improvisada, con un baño para cinco o seis personas y sin agua corriente», admitió Marini. Los relatos de sufrimientos en los cónclaves, en efecto, son abundantes. Ruido y humo Esta modernización crea por primera vez en siglos un gran problema logístico, puesto que el secreto y el aislamiento son fundamentales. El albergue está en una punta del Vaticano y la Capilla Sixtina, donde se celebran las votaciones, en otra. Por esa razón, Marini hizo un anuncio solemne: «Todos los muros del Vaticano constituyen el cónclave». Es decir, la pequeña ciudad en su conjunto vivirá bajo vigilancia para que nadie se acerque a los cardenales. Parece que, incluso, el traslado de Santa Marta a la Sixtina se realizará en pequeños autobuses. «En esos momentos no habrá nadie y se les acompañará de un lado a otro. Será el sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Leonardo Sandri, quien deberá organizar la vigilancia. «En cualquier caso, espero que con sentido común todo saldrá bien», concluyó Marini. Una de las novedades más visibles, o mejor dicho, audibles, del próximo cónclave incumbe al anuncio de la elección del nuevo Papa. La famosa fumata, que es blanca en caso de un resultado o negra si no hay mayoría, seguirá siendo el sistema de referencia. Sin embargo, esta vez el Vaticano ha decidido completar esta señal con el sonido de las campanas de la basílica, que tocarán en son de fiesta. La razón es que la fumata, pese a su gran tradición, no es práctica. Todos recuerdan las dificultades que hubo en los dos cónclaves de 1978 para distinguir el color del humo que salía desde la estufa de la Capilla Sixtina, con el consiguiente desconcierto entre quienes esperaban en la plaza. De hecho, el día en que fue elegido Wojtyla, se incorporó una producto químico a la estufa para que saliera blanco. «Intentaremos hacerlo mejor que la última vez, además con las campanas los periodistas podréis salir de dudas enseguida», sonrió Marini.

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