Diario de León

El día en que hasta el implacable Manuel Marín habló en catalán

Una gitana adelantó a Maragall en el Retiro que tendría suerte y así fue. Madrid fue ayer más catalana que nunca y el saludo en el Congreso pasó a ser «bon dia» y «bona tarda»

Dos hombres discuten a la puerta del Congreso

Dos hombres discuten a la puerta del Congreso

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P. Abejón | E. Clemente - redacción | madrid
León

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El día comenzó con buenos presagios para el Estatuto. Una gitana abordó al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, en el Parque del Retiro y le leyó la buena ventura: «Habrá buena suerte para el Estatut en Madrid», le aseguró. Y así fue. Nada más llegar, el presidente de la Cámara, Manuel Marín, dejó entrever que había buena disposición. Él, que acostumbra a encolerizarse cuando algún diputado utiliza en el Hemiciclo cualquier lengua que no sea el castellano, saludó en catalán («Bienvinguts al Congrès dels Diputats») a los que venían a defender el Estatuto. Con Ibarretxe no lo había hecho. Los alrededores del Congreso, fuertemente custodiados por varios centenares de policías, sí anunciaban que el debate de ayer era de los grandes. Sólo era posible circular con acreditación y con vehículos previamente revisados por los agentes. Por la mañana, el clima en un Congreso tomado por consellers, diputados catalanes y representantes de la sociedad civil de Cataluña, fue tal que parecía imposible que se estuviese debatiendo el mismo texto que ha originado la mayor bronca política de la presente legislatura. Los «bon día» y «bona tarda» se oían más que nunca en el palacio de la carrera de San Jerónimo. Hasta Maragall se mostró impresionado por la actitud de los diputados del PP y no pudo evitar emocionarse asegurando que la sesión de ayer le había recordado a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 cuando él era alcalde. Es decir, lo más. Aunque sabían que la sesión iba a ser maratoniana, Artur Mas, Manuela de Madre y Josep Lluís Carod Rovira comenzaron la jornada con un recorrido con las televisiones y radios madrileñas. Su objetivo era vender desde la mañana la buena nueva del Estatut . Con sus medidas intervenciones, contudentes pero con el objetivo de no herir a nadie, contribuyeron a crear un clima de calma desconocido en el actual Congreso. En un reparto de papeles muy estudiado, el más incendiario de los tres, Carod Rovira, se convirtió casi en un alma de la caridad. Fue, además, el que menos intervenciones realizó en catalán, aunque, eso sí, no renunció a las pullas y comenzó con una frase de Azorín en el diario ABC de hace un siglo: «En España existe un Estado y hay varias naciones». Recitó las estrofas de la canción de Raimon Jo vinc d'un silenci ( «Yo vengo de un silencio» ), que dice «qui perd els origins/perd identitat» («Quien pierde los orígenes opierde identidad»). Manuela de Madre fue la más emotiva, evocó las Paraules d'amor de Serrat, contó sus orígenes onubenses, cómo hizo compatible los fandangos y la nova canço y los gritos de «Libertad, amnistía y estatut de autonomía» que daba en 1978. Artur Mas hizo menos concesiones a los sentimientos y apeló al «sentido de Estado». Por la tarde, el Congreso volvió a ser el Congreso y volvió la crispación -aunque no traspasó los límites tolerables-. Eso sí, Marín tuvo que llamar la atención a la «bancada popular». En castellano.

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