OPINIÓN
En bragas
ASEGURAN los abogados matrimonialistas, que como su propio nombre indica se dedican a los divorcios, que la crisis en la pareja suele aparecer a los siete u ocho años, más o menos cada dos campañas electorales. Tiene sentido, porque es cuando, por primera vez, se echan las cuentas de la cosa. El enamoramiento, como me dijo un día cierto juez como atenuante, es un estado de imbecilidad transitorio. Aún así, me reconvino su señoría, sobre que hay dos formas de replantearse una pensión casi vitalicia: lavar los trapos sucios en casa o airearlos, cosa esta última poco prudente porque el que más y el que menos todos nos hemos hecho alguna vez pis en la cama. Estos días ha tenido enorme audiencia televisiva el debate entre el alcalde de Madrid, señor Ruiz Gallardón, y el candidato socialista, don Miguel Sebastián, sobre las relaciones entre el primero y una dama abogada del «caso Marbella», de deeneí Montse Corulla, la cual en honor del señor alcalde está presuntamente muy rica, falle lo que falle el juez. Dicho esto y sin ánimo de mediar entre las partes -quién pudiera ser parte afectada de la primera parte, como diría Groucho Marx- uno coincide básicamente con la mayoría de los editoriales de la prensa, que denunciaron ayer «guerra sucia» por parte del tal Sebastián. Enseguida se nota que los han escrito hombres que no tienen ni zorra idea, o demasiada, de poner la lavadora. Como los argumentos de esta campaña electoral sigan así el país se va a mear, con perdón, por la pata abajo. Aún no hace demasiados años también al alcalde de León, Mario Amilivia, le inventaron una novia colombiana. El affaire me lo susurró al oído uno que era entonces concejal de la otra parte y ahora delegado del Gobierno en Castilla y León. Como soy de natural discreto no pongo aquí el nombre. Y es lo que yo le dije entonces: «Vamos a ver, Miguel Alejo ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿O va a quedar desaprovechada por una nulidad como Mario?». Al final, sin que nadie pudiera probar ni publicara ni que sí ni que no concluímos ambos a lo zorro que las uvas de la colombiana estaban verdes, por lo menos para nosotros dos, que somos de buen conformar. ¿Sacar a relucir la ropa sucia? Ay, Sebastián, quien pillara a la Pantoja.