El agua los pone a raya
El canal de riego que lleva agua del Esla desde Villomar hasta el sur de la provincia se ha convertido en la única barrera capaz de detener el avance masivo de los ratones hacia los cultivos de las vegas leonesas

Un agricultor muestra los estragos de los topillos
«Comen la simiente de cereal y de colza y comerán la cosecha», auguraron en enero meses agricultores leoneses ante la presencia de ratones en los sembrados del sureste leonés. Muy a su pesar, el vaticinio con tintes bíblicos se ha cumplido. Siete meses después, los roedores se disponen a darse un banquete en las vegas más orientales de la provincia leonesa. De la invasión sólo les separa una barrera: el canal de riego que bebe del Esla, y que impide el paso de la plaga desde la zona de Payuelos hacia el oeste. Los campesinos leoneses confían en que el curso artificial de agua mantenga la condición de frontera con la devastación. Anima el alivio el efecto que ha producido en el ejército de roedores el encuentro con el agua. El riego por inundación mitiga los efectos de la superpoblación de topillos, festín sin fin para las rapaces nocturnas y otras aves que disfrutan de la abundancia de alimento. Mientras llegan a León las medidas de urgencia decididas para poner coto a la expansión de ratones, los agricultores locales se aferran a la evidencia del agua, el único ungüento capaz de frenar el avance se localiza en el canal que parte desde Villomar, que hoy corre con un caudal generoso y que atemoriza a la legión de ratones en su avance al regadío, anunciado también en primavera por las organizaciones agrarias profesionales.