| Reportaje | Desierto sexual |
Sin clientes, ellas se van
Son muchas las prostitutas que han decidido coger vacaciones en Navidad ante la escasez de negocio. «No les compensa quedarse aquí», confiesa alguien que lleva diez años en el negocio y nunca lo vio «peor»
león
Cristina llega de Rumanía. Es joven, morena, piel blanca, piernas interminables y muy sexy. No se separa del móvil. La verdad es que no hay mucho más que hacer esta noche. El club está prácticamente vacío: un grupo de tres hombres se toma una copa, entran otros dos chavales y un anciano acaba de pedir un agua mineral. Las luces intermitentes del árbol navideño son el único movimiento que se ve en el local. Suena
, de Isabel Pantoja [
]. En estos momentos hay seis chicas en el club, tres de ellas disponibles. «La cosa está tan jodida que unas se han ido a pasar las Navidades con su novio o con su familia. No les compensa quedarse aquí», explica la encargada de uno de los locales de alterne más castigados por la construcción de nuevas autovías, el León de Oro, que, como mucho otros de la nacional 630, se ha quedado apartado del circuito que facilitan las nuevas infraestructuras. «Claro que afecta, ahora por esta carretera no pasa nadie», se lamenta.
Sindy lleva diez años en el negocio y dice que nunca antes había visto una situación tan desesperada. «El hecho es que el bajón ha sido gradual desde hace dos años, pero en los últimos meses esto se ha convertido en una barbaridad».
Círculo vicioso
Barbaridad porque, como recuerda, este negocio es una pescadilla que se muerde la cola: «No entran clientes y las mujeres se van a otras zonas. Y si no hay mujeres al final no vienen clientes».
¿Por qué ha sido tan intenso el efecto de la crisis en este sector? Parece que esta mujer de escote tan generoso como su sonrisa lo tiene claro: «Las chicas se meten en pisos porque en los locales tienen más controles de la policía y está claro que muchas de ellas se mueven sin papeles. Cuando se meten en estos pisos acaban sin control sanitario y sin nada». La competencia es tal que no hay más que echar un vistazo a las páginas de anuncios por palabras de este periódico para comprobar que docenas de mujeres y hombres ofrecen diariamente sus servicios sexuales a cambio de dinero. Los pisos se han convertido así en el nuevo medio de atraer clientela con la mayor discreción.
El cliente no ha cambiado, pese a caer su número. El perfil sigue siendo el de un hombre de entre 30 y 50 años, «aunque ahora abunda más el que tira a 50 que a 30».
Es pronto, pero en un par de horas el local se llenará y el ritmo de trabajo será otro. Los móviles siguen siendo el juguete de las chicas que quedan en el local al acabar el reportaje.