Reportaje | MAGIS IGLESIAS
Rajoy es de combustión lenta
Siente aversión a los conflictos y por eso se cargó de dosis infinitas de paciencia para lograr la cabeza de Costa
Cada día, en la sobremesa, Mariano Rajoy se entrega a la ceremonia de encender el primer puro del día, una costumbre que ha estrenado hace tres semanas, cuando se impuso la obligación de dejar de fumar por las mañanas. Con su inveterada parsimonia, calienta la labor de tabaco, capa el veguero y lo enciende. Es un fumador experto y logra que el fuego viva durante horas. El líder del PP, como los puros que fuma desde hace cuatro décadas, es un político de combustión lenta, reacio a las decisiones rápidas y viscerales, pero de paciencia infinita y descomunal aguante. Estos rasgos hacen que sea implacable con sus adversarios y quienes le incomodan. Van cayendo en el camino sin derramamiento de sangre. El viernes estuvo a punto de alterar su trayectoria pacífica y tuvo que ejercer toda la presión que supo para que Francisco Camps obedeciera sus instrucciones y entregara la cabeza de su número dos, Ricardo Costa.
Aún así, no llegó a perder las formas en ningún momento. Cuando cayó en la cuenta de que el presidente de la Generalitat mintió en el encuentro del parador de Alarcón de la pasada semana, Rajoy inició el acoso y derribo al barón valenciano. Empeló la táctica del intermediario y envió al vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, como ejecutor. No fue suficiente y tuvo que recurrir a otros pesos pesados del partido para vencer la parálisis de Camps.
Costa se convierte así en uno más en la nómina de los caídos de Rajoy, que es larga. Ninguno, sin embargo, podrá acusarle de haberle echado a patadas, de una mala palabra o un mal gesto. Todos acaban por desistir tras una lenta agonía, en medio de una gran indiferencia del jefe. Sus admiradores quedan fascinados por esta extraña habilidad. Sus detractores, en cambio, se rasgan las vestiduras por el precio que paga el partido por su aparente apatía.
«Mariano es un señor discreto al que no le gustan los cotilleos. Escucha, toma nota y actúa, pero no es un líder de ordeno y mando», aseguran en el PP.