Diario de León

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Hoy, un año más, se conmemora la Hora del Planeta, una efemérides diferente al Día de la Tierra que se celebra el 22 de abril. Como sociedad, a la espera de la aplicación de políticas de calado, debemos reflexionar sobre los modelos urbanísticos y productivos en una sociedad que se enfrenta a eventos climáticos extremos y retos sanitarios como la pandemia que vivimos. ¿Es más sostenible vivir en el campo?. Depende. Si tengo que coger diariamente el coche para llevar a los niños al colegio, para hacer la compra o trasladarme al trabajo, la respuesta está clara. ¿Es mejor para el planeta habitar una casa en un pueblo o en un bloque de pisos lo más cercano al centro de la ciudad?. También depende. Gustos personales aparte hay que pensar además en factores como el combustible para calentar un espacio privado, no compartido, y expuesto. ¿Es más contaminante el plástico que el papel?. Según sea el proceso de producción, de la cantidad de árboles talados o kilómetros necesario para su transporte, el mismo criterio que hay que seguir para seleccionar los alimentos que consumimos. La primera vez que escribí sobre el cambio climático fue hace quince años cuando en 2006 el vicepresidente de EE UU Al Gore guionizó el documental Una verdad incómoda, un trabajo dirigido por Davis Guggenheim premiado con un Óscar al mejor documental y el Nobel de la Paz para el político americano. La película mostraba los efectos de las actividades humanas en el calentamiento global. La cinta, como el concepto y las consecuencias de lo que a partir de entonces se acuñó como cambio climático, zarandeó las conciencias ante lo que con el tiempo se ha convertido en un reto ambiental. Pero no llegó a todos por igual desde el principio. El entonces presidente del PP, Mariano Rajoy, negó el concepto y las consecuencias y citó como fuente a un primo suyo catedrático de Física de la Universidad de Sevilla. «El cambio climático tampoco lo podemos convertir en el gran problema mundial», dijo Rajoy. En 2018, como presidente del Gobierno, reconoció su error con el anuncio del proyecto de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética con las recomendaciones de la Conferencia de Naciones Unidas de 2015 en París, un encuentro que constató como «extremadamente probable» que la influencia humana sea la causa dominante del calentamiento. Hoy, con un gobierno socialista, la Ley sigue en el trámite parlamentario y espera su próxima aprobación. El texto recoge un sistema eléctrico 100% renovable a mitad de siglo, una reducción del consumo de energía primaria un 35%, un 70 % de energía renovable, que las emisiones bajen al 30% en 2030 y la neutralidad climática no más tarde de 2050. Hay expertos que piensan que llegamos tarde.

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