Diario de León

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APedro Sánchez se le ocurrió darle carrete a Irene Montero. Y ella se lanzó al ruedo con una «ley trans» que relativiza el género, convirtiéndolo en sentimiento. La norma, sobre todo, va a perjudicar a las mujeres: fíjense ya lo que está ocurriendo en algunas competiciones deportivas por culpa de llevar el dogmatismo ideológico hasta el absurdo. Además, la ministra morada se ha llevado por delante la lucha por la igualdad de una parte del PSOE, con Carmen Calvo a la cabeza. Sánchez, con la esperanza de que el tiempo diluyese ese frente, ha ido aplicando sordina a las demandas de cambios de calado en el proyecto estrella de Unidas Podemos. Es más, por orden suya, Ferraz pretende acallar el alboroto interno con una tramitación urgente en el Congreso.

Pero, aun acortando los plazos, al Gobierno le espera de aquí a final de año un recorrido parlamentario borrascoso antes de aprobarse la ley. Si es que sale, porque en las filas socialistas hay quienes especulan con la posibilidad de que quede varada. Los tres meses que hay por delante atormentan a dirigentes del PSOE ante lo que puede verse a su paso por la Comisión de Igualdad, presidida por Calvo. Cómprense palomitas, porque el espectáculo está servido. Y promete. Al fin y al cabo, así lo mantienen mandatarios socialistas, el culebrón que ella armó en su día con la norma morada le costó la vicepresidencia del Gobierno. Es difícil de entender que Sánchez desee reabrir ese cisco, claro, pero curiosamente le ha dado su respaldo en el Consejo de Ministros.

El Grupo Socialista contiene la respiración. Cuando se pregunta, apuntan que tratarán de «mejorarla» con enmiendas parciales para que asuma posturas más clásicas del feminismo. Pero, a la vez, y en privado, desde La Moncloa se tildan esas tesis de «anticuadas». Así está el cuadro. El río revuelto del PSOE ya ha sido rentabilizado por Alberto Núñez Feijóo, que recibió la semana pasada a «Alianza contra el Borrado de las Mujeres». La asociación, auspiciada por la veterana socialista Ángeles Álvarez, llamó a la puerta de Génova 13. Y, frente a la mordaza sufrida por la izquierda «oficial», el líder popular estuvo encantado de escucharlas y hasta de compartir su sentido común. ¿Considerarán los adversarios del PP que esas feministas sólo quieren «un país lleno de armarios», como sostuvo la ministra de Igualdad en la Cámara Baja? ¡Igual, de la estrambótica autodeterminación de géneros que quiere imponer la chupipandi de Montero sí se acaba hablando en el metro!

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