Diario de León

Creado:

Actualizado:

«No diga León, diga Parnaso»: titulaba así una noticia-reportaje la Agencia Efe, de la que se hacían eco algunos periódicos el 4 de mayo de 2009, con este final: «Sea como fuere, la pléyade literaria es tal, que la propia UNESCO tiene entre sus previsiones la posible inclusión de León dentro del listado mundial de Ciudades Creativas, por el extraordinario vigor literario manifestado en el último siglo». ¿Por qué no ocurrió? Pues porque, entre otras razones, desde aquí no se creó un frente sólido —bueno, ni sólido ni líquido ni gaseoso-, ni siquiera un argumentario, tampoco, y sobre todo, una convicción o creencia de la realidad que nos estaban mostrando desde fuera. Aquí nunca parece que haya interés por estos asuntos, tan valorados y celebrados fuera, tan desconocidos o minimizados dentro. Seguramente hoy estos asuntos sean una de nuestras mejores cartas de presentación, dicho sin chovinismos ni fuegos artificiales, aunque sí con la seguridad de que hoy se trata de un recurso muy aprovechable, como en tantos otros sitios, si se enfoca bien.

Lo que es innegable —la realidad, apabullante, está ahí— es que una serie de nombres y acontecimientos han identificado el nombre de León con la literatura. Y lo siguen haciendo, porque la tradición literaria, base, sin duda, de su fortaleza, continúa. No sabemos muy bien por qué, que hay opiniones y explicaciones diversas; no sabemos, desde luego, hasta cuándo, aunque es cierto que el enlace generacional, con mayor consistencia o menos, existe. Quiere decir que ahora es el momento o pasará un tren más sin detenerse. El momento para solicitar a la UNESCO la declaración de Ciudad Literaria (provincia, territorio), título que ostenta ya una veintena larga de ciudades en el mundo: Bath, Dublín, Praga, Granada, Bagdad, Barcelona, Óbidos, Montevideo…

Esto exigirá la creación de sinergias para formar un equipo, un programa, un acontecimiento o programación consistente…, liderado el proyecto desde alguna institución pública, alejado de la nociva pantomima del «do ut des» (la manida y mediocre reciprocidad interesada) para buscar una marca sólida en la búsqueda identitaria en lo literario. Razones sobran. Y no vendría nada mal, creo, por la declaración en sí y por sus posibles consecuencias turísticas y económicas. Pocas cosas llegan sin esfuerzo Quizá este merezca la pena, para no quedarse en este limbo de lo etéreo e inconcreto que parece perseguirnos. Es un decir.

tracking