SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS
El rotulador analógico
Decretos en serie están cambiando el mundo

El que afirmó que todo en la vida era Derecho no andaba muy desencaminado a tenor de lo que estamos viendo todos los días y a todas horas. El presidente Trump tiene un rotulador que está cambiando las vidas de millones de personas a lo largo y ancho del mundo.
Así que, los que decían que Savigny era un exagerado al pronunciar su conocida frase, no tendrían más remedio que rectificar y asumir la realidad de los hechos, cosa que siempre elimina, por superficial, cualquier opinión. Un visionario, sin duda, el insigne jurista y creo que no conocía Trump.
Nunca un rotulador tuvo una actividad tan frenética, incluso se sospecha que está siendo víctima de una explotación laboral por parte del presidente delos EE UU. Claro que lo mismo le ocurre al exigente empleador. Se han convertido en un binomio temido. Todo el que esté en su punto de mira debe, al menos, ponerse las orejas de punta.
En la época de la inteligencia artificial resulta que un simple rotulador es más peligroso que todos los ejércitos cibernéticos juntos. Decreto presidencial tras decreto van aprobándose como si de una máquina de hacer chorizos se tratara. Nada de riesgos de piratería o robo de información, todo en modo analógico.
Está claro que como lo tradicional, lo de siempre no hay. Hasta el punto de que Trump tiene que preguntar al que le pasa las carpetas de firma que es lo que va a firmar. A continuación desenvaina el rotulador negro, más grande que la Tizona, y estampa una rúbrica más grande que el texto del decreto. Firma que seguro daría para escribir una tesis doctoral. Este hombre lo hace todo a lo bestia, no a lo grande, para él resulta todo pequeño e insuficiente.
El ritual continúa exhibiendo su obra artística, porque hay que reconocer que la firma requiere de cierto dominio del espacio para no salirse de la hoja y de una perspectiva casi como la de la avenida Nevski en san Petersburgo. No menos calidad artística entraña ese estilo torero lleno de complacencia y seguridad que muestra el presidente cara al público cada vez que levanta el portafolios de la mesa.
Entre firma y firma, un comentario para mayor conocimiento de lo que sucintamente un decreto puede recoger por si a alguien le cupiera alguna duda de que se había olvidado de lo que prometió en campaña electoral. Porque debe ser reconocido el hecho de que esta frenética actividad jurídica ya fue avanzada en la campaña por la presidencia de los EE UU.
Miles de despidos en la administración, cambios drásticos en todos los órdenes de la política del país y desconcierto entre sus aliados, son consecuencia de ese uso permanente y de momento parece que incombustible rotulador. Es como si el presidente hubiera inventado la máquina del perpetuo movimiento, y además analógica.
A veces creemos que estamos a la última, que somos los más modernos y que todo lo pasado no merece más que desprecio o al menos que lo ignoremos. De repente, un señor, en este caso, todo un presidente, con un simple rotulador está poniendo patas arriba el orden mundial para desesperación del resto del mundo, principalmente Europa.
No parece que tenga visos de que se le seque el rotulador, y en todo caso, siempre aparecen en imagen un montón de ellos encima de la mesa dispuestos a sustituir al agotado titular. Todos iguales, del mismo color y tamaño. Poco gasto, porque los rotuladores en general no suelen ser muy caros y resultados inmediatos. No hay medicamento en el mercado que los iguale.
Está por ver, cómo será este pretendido o pretencioso nuevo orden mundial, en el que la más grande revolución tecnológica de la historia, según Elon Musk, deberá convivir con un rotulador analógico investido de plenos poderes.