Diario de León

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Lo dijo el presidente del Gobierno, consciente de su debilidad parlamentaria: de la necesidad, virtud, dijo el jefe del Ejecutivo. Que tiene necesidad de apoyos es algo obvio desde su primer día en Moncloa. Necesita de todos, para todo y todos los días. Lo de la virtud es más que discutible, entre otras razones porque hay necesidades que no requieren de especial virtud para ser satisfechas. Basta, en política, actuar sin sectarismo, sin hacer del no es no la guía del mandato en cuestión. Nadie le puso una soga al cuello para elegir sus apoyos, desdeñando sin parpadear la oferta que en su momento le realizó el que resultó ser el más votado en las urnas. Al no es no, se sumo el famoso muro.

Partiendo del hecho incontestable de que Sánchez ha pactado con quien ha querido hay que volver a lo de la virtud. ¿Qué virtud existe en la ignorancia absoluta y permanente de cualquier propuesta que realice la Oposición?. ¿Qué virtud es esa que impide que se tramiten dieciséis propuestas legislativas del PP? Y ya, la última. ¿Qué virtud existe en el penúltimo pacto con Junts, sobre la gestión de la inmigración?

Los acuerdos, todos, cada cual los interpreta a su manera, pero lo cierto y verdad es que el tal acuerdo lleva la firma del PSOE y los más adictos al Gobierno que se atreven a levantar un poquito la voz, lo hacen para criticar a Junts como si fuéramos nuevos. No, el foco no se debe poner en los independentistas, que nunca han ocultado sus pretensiones, si no en los socialistas que han dado su ok a un acuerdo con un partido con siete diputados, como si representaran a la mayoría de los catalanes. Junts no es Cataluña. Forma parte de esa autonomía, pero nada más. La necesidad de Sánchez es perentoria, pero resulta casi imposible ver virtud en semejante acuerdo.

No soy de las que cree que España se rompe. No, España no se rompe, pero el Estado se debilita por mucho que los ministros, con sonrisa incluida, digan que no, que es bueno que las decisiones se tomen desde la cercanía a los ciudadanos y si esto es así no deja de sorprender que algo tan positivo, según ellos, no solo no lo hayan incluido en su programa electoral, sino que se hayan tardado años en firmar lo firmado. ¿Se atreverán visto lo visto a exigir a Feijoo que rompa con Vox? Me temo que sí, que se atreverán porque se atreven a todo, incluso a afirmar que los populares están cerca del nazismo.

Todo indica que el bipartidismo ha muerto, pero aunque así sea el error que el presidente y el PSOE pagaran caro es haber abandonado cualquier atisbo de institucionalidad al despreciar cualquier diálogo con el único partido que puede llegar a Moncloa. Donde está la virtud de no hablar con el PP y si pactar con un partido como Junts con claros tintes identitarios capitaneado por una persona huida de la justicia?

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