Diario de León

Creado:

Actualizado:

Seguramente todos, la mayoría al menos, a pesar de los malos tiempos para las adivinanzas y propicios para no pocas confusiones, estemos de acuerdo a la hora de pensar que si falla el principio de igualdad ante la ley y la separación de poderes, falla todo lo demás. Pero, con más frecuencia de la deseada ocurre lo contrario, sobre todo porque los intereses del poder corrompen y convierten o quieren convertir no pocos principios en excepción disimulada. Hablan no pocos, por ejemplo, de la barbaridad —que lo es, a mi juicio— de los indultos de Trump, que se los había puesto a güevo su antecesor. Y salten ustedes de países, entre ellos no pocos europeos y seguramente el nuestro —Europa se convertirá, a este paso, en un museo, a secas— para comprobar prácticas muy poco ejemplares a las que solo tienen acceso determinados y escasos perfiles. Difícilmente los de a pie, que suelen carecer de padrino.

Ojo con la permisividad y el efecto dominó al que estamos asistiendo. Que nadie se llame a engaño después. Como nos recordaba Álex Grijelmo recientemente, «la mentira nunca ha estado tan presente en la vida pública», pero no solo en la que llaman Internacional reaccionaria (estos bautismos llegan con frecuencia desde posturas de pretendida superioridad ética, pero de conductas poco edificantes y bochornosos vaciamientos ideológicos). La escritora norteamericana Ann Bauer confesó que «las restricciones de los demócratas a la libertad de expresión me llevaron a votar a Donald Trump». Lo que ocurre es que, como los tiempos cambian que es una barbaridad, y lo ejemplar no puede ser broma, tomen nota del Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, los que se consideran administradores absolutos de la verdad: «Mark Zuckerberg y Elon Musk carecen de valores morales y tienen más herramientas de propaganda que los nazis».

Como el hilo del carrete da de sí, nunca está de más hablar de, recordar la violación de las leyes internacionales, que presenta con frecuencia la voluntad, el capricho más bien del saqueo, el colonialismo y el genocidio. Parece que nos acostumbramos a situaciones de este tipo. Gaza es, sin duda, el ejemplo más vivo, con no pocos países poniéndose descaradamente de perfil, borrándolo incluso si es posible, por si el Ojo Supremo del Atropello se enfada (qué vergüenza el otro día su comportamiento con Zelenski). Pero hay más, muchos más casos, desde un extenso mapa de conflictos armados y silenciados, pasando por la aniquilación caprichosa e impune de vidas humanas, la condena consentida del hambre y la pobreza, la liquidación de tantísimas infancias… En fin, todos lo sabemos, pero seguramente lo sintamos muy lejos, a pesar de que algunos asuntos forman parte de nuestro paisaje humano. La impotencia frente a la locura de ciertos poderosos que no entienden eso de la justicia y siguen pensando que pueden ser, que son los reyes del mambo. Pero es aún más doloroso no saber qué es la compasión.

tracking