Diario de León

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Me hubiese encantado entrevistar a Mariano Ozores. Y con una reverencia. Tuve la suerte de entrevistar a Pajares, uno de sus actores más emblemáticos, a quien le mostré tanta veneración que al principio receló. Mi entusiasmo era sincero, pues tenía con él una gran deuda de risa, sobre todo con sus películas ozorianas. En mi primera juventud, para mis amigos ir conmigo a ver una película de Esteso y Pajares —o sea, de Ozores— era un ritual, solo por verme desternillar y luego comentárselas a mi manera. Hace unos días, un portal de cine español difundió unos minutos de Todos al suelo, uno de mis títulos preferidos del director —gracias, azar— y pude recitarlo de memoria. Sigue siendo muy gracioso; o sea, auténtico. Aquellas películas conectaban con mi lado más juguetón. No me gustaban por ir a la contra, dado que era un joven cinéfilo, sino porque me hacían feliz. Yo hice a Roque III es una maravilla, y si llega a trabajarse un poco más la última parte estaríamos hablando de una obra maestra de lo cómico. ¿Dime de qué te ríes y te diré quién eres? En mi caso, sí: un chico de barrio. Y me considero afortunado por ello. En la época en que entrevisté a Pajares me mandaron en el periódico a entrevistar a un domador del circo, mientras conversábamos pude ver que las fieras rugían en playback. ¡Puro Ozores!, me dije, lejos de cualquier frustración. Tongo, pero auténtico. Y me pregunté feliz si los rugidos del león de la Metro Goldwyn Mayer los haría Bogart, para sacarse un sobresueldo. A mí quien no me hacen gracia son esos que usted sabe.

Dio mucho trabajo, y eso también importa. Donde su cine se ha quedado más obsoleto es en la visión de la homosexualidad. Por cierto. Pajares interpretaría en televisión a un gay, en la serie Tío Willy, con protagonismo, normalidad y ternura.

Supongo que Ozores irá directamente al cielo, donde le esperan grandes actores y actrices, además de la familia. Pero como con esto del papeleo nunca se sabe, en caso de necesitar un avalista allá arriba, puede contar conmigo aquí abajo… si me garantiza que estoy de vuelta a la hora de la cena. Nada nos puede quitar lo reído. Permanece, como un madero salvador en medio del naufragio. Gracias, don Mariano. Ah, la vida…

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