Diario de León

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Las masas movilizadas en las redes sociales, en apariencia, suponen una nueva forma de acción política a través de la opinión pública más inmediata o epidérmica. El terremoto súbito que produce cualquier «trending topic», el tema del momento, es una sacudida efímera que será sustituida por otra y luego por otra, así hasta el infinito, día tras día. Los quince minutos de celebridad de Andy Warhol se han visto desplazados por las veinticuatro horas o menos de X, antes Twitter: un turbión de aguas agitadas pero que nunca llegan a colmatar, que no sedimentan en el fondo de la memoria, pues su naturaleza es ser reemplazadas por el siguiente aluvión. Su verdadero momento de gloria son las vísperas. El día antes de unas elecciones u otro acontecimiento de amplia relevancia pública: así se montó la primavera árabe o el día de reflexión que frustró las primeras elecciones de Rajoy con el «pásalo» en sms de un leonés —sí, se confirma de nuevo que en cuanto ocurre siempre hay un cazurro implicado— al hilo de los viles atentados de Atocha.

La existencia de multitudes online, a la espera de alpiste que echarse al teclado y de una oportunidad para escribir a favor o en contra de la consigna del día, a uno le sorprendería si no estuviera ya curado de espanto en todo lo referido tanto a las redes como a los propios contemporáneos. A uno le dicen que un seleccionador de fútbol, en medio de un mundial, iba a dedicarse a «twitchear» entre partido y partido cada noche sus ocurrencias y que no sólo no lo cesan, sino que lo sigue hasta su jefe, el presidente de la federación, y no se lo cree. Pero en esas estamos, y desde hace tiempo. No es de extrañar que cada vez haya más personas que consideran vivir fuera de su época. No es tanto que no sepan cómo funciona un cajero automático o cómo se instala una aplicación en el móvil: es que no quieren saberlo.

El capitalismo digital acaso precise, antes que fuerza de trabajo, de la existencia de esas manos tuiteras disponibles en todo momento y circunstancia, pues su naturaleza es el rumor interesado. Los partidos y las empresas ya tienen departamentos dedicados a las redes sociales; los más modernos, robots que generan comentarios y respuestas bastardas. La rebeldía, ahora, viene a coincidir con la indiferencia hacia la tecnología.

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