Diario de León

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Estas serán mis primeras navidades como jubilado. Me repiten que lo bueno empieza a partir de ahora. ¿A mis 67 años? Entonces, lo que hasta entonces he conocido… ¿solo fue un largo episodio de Walking Dead? De guapo ya no me puedo jubilar, nunca lo he sido. Pero me casé con una muy guapa y que aún lo es; esto no es bueno, sino mucho mejor. En mi vida, los regalos empezaron hace mucho. Siempre han llegado, incluso en las malas rachas. Todo ha sumado para bien, incluso cuando parecía que restaba. Siempre hay ecos de la Navidad, y no es una cuestión de estaciones. Si lo bueno empieza ahora, entonces, muy corto me lo fiais. Ya no necesito que los reyes magos me traigan el disfraz de Tarzán. Mejor se lo dejan a Paquirrín, que vuelve a estar en el mercado de carne. No necesito que el Imserso me lleve ya a Sodoma y Gomorra. Mi lectora centenaria saltará: «Pero, Aguirre, ahora de jubiladín tendrá tiempo para escalar el Everest en patinete, atravesar desiertos en camello, tirarse en parapente…». Vale, sin duda, todo emocionantísimo, pero Calleja se puede buscar a otro. A mí el arroz de la acción peligrosa se me pasó ya en el tercer o cuarto mes de embarazo de mi madre. Quienes fuimos niños con gafas y no éramos deportistas aprendimos a volar sin capa, ya me entienden. No, de jubilado solo pido quedarme como estoy, el mayor tiempo posible; no estático, pero sí en dinamismo tranquilo, Y que sea siempre diciembre, pero sin temblar.

El otro día, un joven y ya prestigioso cervantista me preguntó afectuosamente cómo había logrado sin ser académico reunir a tantos de ellos, en la presentación online de mi ensayo. Ya no recuerdo qué le contesté, cosas de la edad. Crecí en familia de padres buenos y me dieron hermanos buenos; llevo posadas en el hombro viejas canciones, fui mucho a cines de barrio, leo y escribo desde crío… quizá, lo que intuyo acerca de la ternura humorística de Cervantes es acertado, pero no como descubrimiento mío, sino en su condición de eco colectivo e imperecedero. Aún canto en la ducha, aún escribo columnas, aún sé que siempre es diciembre, incluso en verano. Quiero a mis viejos amigos y me siento querido por ellos. Todo es villancico, en los días buenos y en los malos.

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