Diario de León

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Aquel arcediano de rentas largas, natural de Pedregatos de la Reina y autor de un opúsculo titulado «Sobre si la sangre del Redentor vertida en la Crucifixión se incorporó a la Resurrección como parte de su integridad corporal o permaneció en el Gólgota»... aquel arcediano, digo, mandó hacer para su heredado casón paterno un escudo de armas tres meses antes de confirmarse su nombramiento como obispo de Santiago y Camagüey, allá en 1758, febrero pudo ser. Quedó el escudo bien lucido en medio de la fachada, de cara al pueblo, para que lo vean, para que chinchen (monseñor se expresó así, pero esos arrebatos de llaneza popular no pasan a las biografías de un archivero episcopal). Su hermano, que quedó de regidor en el pueblo por tener más tierras que nadie, fue uno de los que se chinchó, pero tuvo perras y barrigona para encargarse también el suyo con dos réplicas más pequeñas para otras casas que confiscaría, poniéndole más adornos e inventando piruetas heráldicas y geneaológicas, plumas, yelmos, orlas, una granja de bichos quiméricos y su lema de nobleza: «Gelmiro Ordás Velasco... Toma del frasco». Un hijo bastardo de este Gelmiro que en Blanco quedó, listo por caerle de cerca el hambre y lejos el apellido que no le dieron, no tuvo otra renta que estudiar latines, leyes después y, finalmente, iniciar una serie vengativa de pleitos que continuarían sus hijos y, redondeando el plan, sus nietos. Poco a poco, viña aquí, monte allá, fueron comiéndole el capital al linaje vago de los legítimos. Cien años se ladraron en tribunales. En 1892 desahuciaron al último Velasco y rascaron apellidos del escudo por un duro de plata que les costó el arreglista: poga usted ahí «Los Blanco Velasco ya beben del frasco». Pero al hijo de Blanco le gustaban las blancas, al nieto las rojas (Franco se lo cobró con confiscaciones) y el biznieto las pasó tan negras, que no tuvo más remedio que vender la última finca y presentarse a alcalde. En su propaganda electoral hizo lucir su escudo familiar. Ganó. Por los pelos, pero ganó. Y a la semana aprobó un expediente para restaurar el viejo casón familiar que declaró «patrimonio histórico particular». Toma del frasco.

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