al trasluz
Doble vaticinio
Diario de León tiene ya 120 años. Parece que fue ayer, pero fue anteayer. Soy madrileño de nacimiento, pero leonés de vocación. Un horóscopo chino me había vaticinado que en una ciudad pequeña encontraría trabajo y al amor de mi vida. ¿Me iba ir a Hong Kong a buscarlos? Vale, ya puestos, también me podía haber informado dónde comprar en León, 2025, los décimos del premio gordo. Sin rencores. Aquí me vine, y encontré ambos: amor y trabajo. De salud no me quejo, tampoco quiero ahora ganar el mundial de dominó. Con el tiempo, desempeñé otros cometidos profesionales, ya fuera del Diario, pero jamás he dejado de escribir esta columna. «¿120 años escribiéndolas no son muchos?», me preguntara mi lectora centenaria. Más tiempo lleva en activo el topo de la Catedral. A veces, Al Trasluz me sale; otras no, pero el veredicto lo dicta el lector. Mientras escribes, te exorcizas. Eso sí, nunca las musas me han tenido que llevar de la oreja hasta el ordenador. De haber estado escuchando la radio cuando, en 1938, Orson Welles emitió su falso informativo sobre una invasión marciana… en vez de correr a ocultarme en la caseta del perro que no tengo, me habría puesto enseguida al teclado, no fuesen a abducirme los invasores y escribiese en marciano. Soy muy disciplinado. Lo sé, buena o mala la columna viven poco. Mejor, así no te abochornan: «¡En aquella que escribiste el martes 16 de octubre de 1813 tenías un gazapo, en la línea segunda del primer párrafo!». Lo nuestro es pasar. Si renaces cada martes y cada viernes, ¿a quién le importa ser olvidado al morir el día?
Al parecer, la dieta mediterránea nos hace longevos. Estupendo, a mí en casa no me dejan ya merendar bocadillos de callos. Lo importante es que no nos pifien, a golpe de misil, nuestra futura longevidad.
Sí, en la Edad Media todos éramos jóvenes. Y en la Prehistoria, más. Ya he contado aquí que un domingo compré un cucurucho de churros y me los envolvieron a la antigua, en papel de periódico. Y sí, allí estaba mi columna. ¿Les iba a hacer ascos por tal menudencia? En efecto, si renaces cada martes y cada viernes, ¿qué importancia tiene ser olvidado al morir el día? Lo que importa es que el horóscopo chino acertó. Ah, la vida…