Maristas
El aullido | luis artigue
Era estricto, inquietante, metódico y parecía que le hubieran extirpado la alegría en un quirófano. Prefería el rigor al entusiasmo. No transigía. Creía en el mensaje más que en los receptores. Su cabeza abombillada y con un orden mental propio de otro tiempo. Sus valores. Su mirada de general romano en verdad te traspasaba como el aire frío de León últimamente-¦
Mi primer profesor de literatura en esta vida, Pedro Riesco, el hermano Pedro, era ciertamente un hombre duro como el mango de un hacha y, aunque nunca le gusté, él me inició y puso en marcha en esa orgía de significados que es la vida; que es la literatura.
Venía de la arraigada Galicia y a él se lo ocurrió la idea pionera de traer una vez al año al colegio a un escritor leonés para que, más allá de libros de texto y de exámenes, más allá de la clase y los clásicos, supiéramos desde el principio que la literatura está hecha por seres humanos con manos, y pies, y madre, y procedencia, y conductas tan extrañas como dormir al lado de un cañón-¦. Seres humanos de aquí con una fe un tanto utópica en ese encuentro de las conciencias que es la lectura.
Instituyó por eso entonces, y no sin esfuerzo, un evento conmovedor que aún se celebra cada año: el Día de las Letras Leonesas del Colegio Maristas Champagnat. ¡Una referencia de la ternura! Se trata de un acto más humano que literario en el que todos los cursos, y todo el claustro de profesores, se implican en celebrar y hacer suya la obra de un escritor de esta provincia, uno de los nuestros. Y confieso que nunca he visto nada tan literariamente parecido a plantar un árbol con disciplina y amor.
Allí aprendí -acaso fue otra de las cosas que me enseñó indirectamente el Hermano Pedro- que los clásicos son algo personal; que todos los lectores tenemos nuestros propios clásicos no aburridos. Y desde entonces por ese colegio han pasado de hecho ya muchos de mis clásicos: Antonio Gamoneda, Juan Pedro Aparicio, José María Merino, Luis Mateo, Victoriano Crémer y Eugenio Nora, Marifé Santiago, Antonio Pereira, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Gaspar Moisés Gómez, Fermín Cabal-¦ Este año, esta semana, el próximo miércoles, le toca el turno a Ángel Fierro, uno de los maestros de la revista Clarab oya .
¿Todo lo que empieza de verdad y para siempre lo hace en la infancia?
La literatura, que en mi opinión tiene que ver con la libertad, la inteligencia, la sensibilidad y los sueños más que con el narcisismo, como todo lo que de verdad merece la pena en esta vida, como el amor por ejemplo, requiere de sacrificios y esfuerzo, y eso nos lo dijo sin decirlo aquel viejo profesor cuyos exámenes orales intimidaban igual que rayos locos.
No pude mantener la fe dogmática que él me quiso inculcar pero atesoro algunos de sus valores, agradezco infinitamente que me iniciara en la lectura y quiero creer que nos domamos un poco mutuamente. Ahora escribo esto con tono de documental y ya no me da miedo que aquel profesor inmune a la modernidad me colonizara el subconsciente, porque, más allá de la sobriedad eruditamente rutinaria de sus clases, veo hoy en su legado amor leal a la pedagogía, a la literatura y al futuro-¦
Hermano Pedro: esto que escribo es la palabra gracias, estirada.