Diario de León
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La veleta | Ignacio Álvarez-Ossorio

Profesor de Estudios Islámicos Univ. de Alicante

Las autoridades israelíes impusieron el bloqueo sobre Gaza en el verano de 2007, poco después de que el movimiento Hamás expulsara a las fuerzas de Fatah de este pedazo de franja mediterránea de tan sólo 365 kilómetros cuadrados. Poco después declaró el territorio como -˜entidad hostil-™, lo que permitió que se interrumpiera el suministro de gas, electricidad y agua a su millón y medio de habitantes. Este estrangulamiento ha provocado la mayor crisis humanitaria de su historia, ya que la entrada de productos básicos (incluidos los garbanzos o la pasta que fueron considerados, nada más y nada menos, que artículos de lujo) se restringió al máximo para tratar de provocar un alzamiento popular contra la formación islamista palestina. Ante esta evidente vulneración del derecho internacional, la comunidad internacional optó por la callada por respuesta, dando la impresión que si bien no compartía los métodos sí respaldaba los objetivos. Dado que esta estrategia no produjo los resultados deseados, Israel decidió entonces lanzar la operación Plomo Fundido que provocó 1.400 víctimas, la mayor parte de ellas civiles según el Informe Goldstone de las Naciones Unidas, que además concluyó que las Fuerzas de Defensa Israelíes habían perpetrado en su ofensiva crímenes de guerra y de lesa humanidad. Pese a que las Naciones Unidas aconsejaran a la Corte Penal Internacional juzgar a sus responsables, la comunidad internacional decidió inhibirse y mirar nuevamente hacia otro lado. El hecho de que estos y otros crímenes hayan quedado impunes ha llevado a las autoridades israelíes a pensar que disponen de carta blanca para actuar a su conveniencia sin tener que asumir coste alguno.

Ahora el Gobierno de Netanyahu ha decidido elevar el listón al atacar en aguas internacionales a una flota humanitaria que transportaba 10.000 toneladas de ayuda alimentaria para la asediada Gaza y asesinar a varios de sus tripulantes. Su único pecado fue tratar de paliar la penosa situación humanitaria de la población, sometida a un asfixiante bloqueo que ha provocado que el 85% de los habitantes de la Franja vivan bajo el umbral de la pobreza, el 50% estén desempleados y 1.265.000 personas dependan de la ayuda internacional. Con esta huída hacia adelante, Israel lanza un mensaje para navegantes y, al mismo tiempo, evidencia su temor ante el ascenso de los grupos de la sociedad civil europea que reclaman una revisión del privilegiado estatuto que le concede la UE, recientemente mejorado a pesar de las flagrantes violaciones de la legalidad internacional cometidas en los territorios ocupados.

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