Ana Guada
El aullido | luis artigue
La política es como la ciudad de Nueva Orleans: pequeña y misteriosa, inquietante y golfa, húmeda y sofocante, maldita e imprescindible. Y, en medio de ese ámbito bullicioso y corrosivo, siempre desentonan las mujeres generosas con un toque de idealismo, siempre llegan alto y caen deprisa, siempre destacan y parecen fuera de lugar porque la política, como las calles oscuras de Nueva Orleans cuya tenue iluminación favorece el amor y la delincuencia en la misma medida, precisa en el fondo de mujeres que sepan hacer las cosas por cojones, como los hombres antiguos.
En el previsible mundo de la política leonesa irrumpió con paso sólido hace años Ana Guada, una de las mejores concejalas que ha dado el Partido Popular de nuestra tierra, cuya labor se ha centrado genuinamente en el ámbito del mal llamado bienestar social, que es el que se ocupa -con más medios económicos que humanos- no del bienestar, no, sino por el contrario de paliar, mediante ayudas, intervenciones y concienciación, el malestar social, las carencias, los déficits, y de intentar corregir desigualdades estentóreas en nuestra ciudad con el objetivo de evitar, en la medida de lo posible, las discriminaciones, la exclusión social y la soledad social.
Su conocimiento del exigente área en el que ha trabajado es notable, y su información sobre el rico movimiento asociativo leonés, sobre nuestras heterogéneas necesidades específicas por barrios, sobre nuestros puntos fuertes y débiles en esta materia tan cambiante y tan supeditada a los vaivenes de la economía y los movimientos migratorios, también resulta demostradamente óptimo. Ha habido en el pasado en la sobresaliente gestión de tal concejalía de Ana Guada, si atendemos a sus acciones y declaraciones, un acusado cariz de compromiso, de implicación personal e ideológica, que la singularizaba.
Pero la política con frecuencia depara sorpresas que la razón no entiende, y hete aquí que la súbita salida de Mario Amilivia del Ayuntamiento de León -”con destino hacia el Consejo Consultivo de Castilla y León-” la sacó abruptamente del ámbito para el que estaba preparada e implicada, y la situó en otro mucho más lastimoso y sombrío: la portavocía municipal del PP leonés.
En ese nuevo cometido especialmente apto para expertos en demagogia y malabarismos verbales Ana Guada se mostraba aguerrida, lealmente combativa, incisiva, pero en el fondo notábamos que ése no era su lugar en el mundo, que había algo de impostura en cada una de las frases que tenía que decir de cara a la galería, que ella no era política de discurso convenientemente teatral, sino concejala de acción constructiva-¦ Por eso Ana Guada, en su papel de portavoz de la oposición municipal, nos parecía algo así como un barco fuera del agua.
Pero, si las elecciones son la guerra entre adversarios, después la política es muchas veces la guerra entre compañeros, y en la guerra particular del PP Ana Guada ha perdido: se le ha apagado su estrella-¦ Queda así, como ocurre con los garitos turbios de Nueva Orleans, la política municipal leonesa un poco más a oscuras. ¡Con la falta que nos hace en política la gente que todavía cree en algo!