LA ESPUMA DE LOS DÍAS
Amapola y memoria
Se lía uno a charlar sobre música y acaban saliéndole muertos por todas las frases. Ayer fuimos a parar a Los lugares de la memoria , el concierto que el grupo de cámara Lyrae 21 ofrece mañana en el Bérgidum y el sábado en el Hostal de San Marcos. El café del Mediodía sabía a pura achicoria. «Aquí, como la memoria se ha hecho sinónima de muerte, los lugares de la memoria no son otra cosa ya que los lugares de la muerte». Así que la música y los vencidos en la guerra, las fosas comunes, la exhumación de cadáveres...
Hace setenta años, un soleado 15 de enero podía estrenar Olivier Messiaen su Cuarteto para el fin de los tiempos en el campo de concentración de Görlitz. Aplaudían los prisioneros, y ellos, los guardianes de las SS, aplaudieron todos con rabia aplaudieron. Entonces un violín era una hoguera de oropéndolas deportadas. Y a veces el horror huía como un lagarto por entre las cuerdas de los violonchelos. Música de cámara frente a la cámara de gas... De ocho movimientos consta este cuarteto apocalíptico de Messiaen. «Dicen que unos ocho mil fueron juzgados en el campo de concentración de San Marcos durante la Guerra Civil y la posguerra». Se titula el primer movimiento «Liturgia de cristal», o el despertar de los pájaros entre las tres y las cuatro de la mañana. «Muchos milicianos cayeron a esas horas sobre las aguas enrojecidas del Bernesga.» Tercer movimiento: «Abismo de los pájaros», para clarinete solo, o el deseo de luz, de estrellas, de arco iris. «Y algunos se sentaban a mirar la vida que pasaba, muy despacio, hacia la estación de ferrocarril». Sexto movimiento: «Danza del furor para las siete trompetas», o la monodia de la consternación. «Hasta siete mil hombres llegaron a estar encerrados una noche en la cárcel de San Marcos». Séptimo movimiento: «Confusión de arcos iris, para el Ángel que anuncia el fin del tiempo», en dulces cascadas de acordes azul-naranja del piano. «Trepidaban los arcos de la catedral cada vez que el Ángel con sus flechas dictaba el fin del tiempo de un cautivo de San Marcos...».
Los lugares de la memoria : homenaje al francés Olivier Messiaen, enormísimo ornitólogo, y a todos los que padecieron el terror del franquismo... Los muertos de San Marcos siguen dando mucha guerra. Y extraña y bellísima música. ¿No habrá sueño eterno para ellos? ¿No será su flor la amapola del olvido? Amapola y memoria. Paul Celan conoció en Tours algunos refugiados españoles que le enseñaron a cantar canciones de la guerra de España. Uno de ellos era un comunista de León, huido de San Marcos, quien, con Abadías, el anciano de Huesca, «llegó con los perros por el campo» en un poema. Celan se quitó la vida arrojándose al Bernesga de París.