AL TRASLUZ
Gran número rojo
Esta vez, el séptimo de caballería asturiano apareció por el horizonte, pero las cabelleras ya estaban arrancadas. La Cultural no ha podido ser salvada, de los apaches ni de sí misma. No hay dinero, ni expectativas de que lo haya y, lo que es peor, tampoco es que en los últimos tiempos hayan abundado los goles, que son los que consolidan lealtades en la afición. Y además, ni siquiera se puede culpar a Valladolid, excusa muy socorrida. El Ayuntamiento ha luchado hasta donde ha podido, y supongo que para todos, equipo de gobierno y oposición, ayer fue uno de esos días tristes que desearían borrar del calendario. «Leoneses y asturianos, primos hermanos», suele decirse; pues visto lo visto, hermanos sí, pero primos no mucho.
La Cultural es un gran número rojo. Lo sé, el corazón es de Letras y no se rige por el dos y dos son cuatro; pero la contabilidad es de Ciencias y todo lo más le puedes pedir que en dicha suma le salgan tres, pues, en estos tiempos, heroicidades las justas. Mientras el Titanic se hunde puedes vender flotadores, pero no neveras. También se habló en su día de la posible llegada de capital árabe; quizá porque algún jeque entendió mal eso de que León se nos está quedando desértico. No cuajó. Hasta los mecenazgos más altruistas se rigen por criterios de rentabilidad, aunque sea en imagen, y en este caso no queda claro cuál podría ser tal beneficio, por mucho que nos gustase que irrumpiese un multimillonario de origen leonés y deseoso de rendir homenaje a sus raíces. Pero no ha aparecido. Carmen Lomana es más de golf.
Pero la desaparición del equipo tendría efectos emocionales que van mucho más allá del cierre como empresa. De repente, descubres que esa pregunta que haces cada domingo, últimamente sin gran convicción ¿cómo quedó la Cultu?, forma parte de tu vida, y que puede ser pronto mero eco, ya sin respuesta. ¿Y cómo nos quedaremos nosotros? Tristes, al percibir que este equipo entrañable y chapucero, al que puede que ya no veamos jugar más, era también paisaje nuestro, como las nubes que pasan, los chopos que nos miran o el pasado que fue. Uno cree en los milagros, pero la Economía es agnóstica, no cuenta con lo dedos ni se deja meter goles. Lástima.