Diario de León
Luis Urdiales
León

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Este es un lugar de heroínas, con las uñas doloridas de arañar en las puertas de las administraciones, de llamadas sin respuesta. Mujeres de León que luchan para dar sentido al futuro en un territorio en el que a veces es difícil hasta sostenerse en pie. Van a ser protagonistas de discursos, de menciones y de programas electorales, ahora que se acerca el momento de pasar por las urnas y de justificar ante la sociedad el cúmulo de recetas contra la despoblación, el medio rural menguante, el desabastecimiento de servicios esenciales para poder llamar a un territorio estado del bienestar. Cualquier dobladillo que se le haga al mapa de León descubrirá ejemplos de este tono.

Alrededor de este panorama se montó un chiringuito legislativo en el que se emplearon seis años en componer artículos; la Ley de Desarrollo Rural es lo más parecido al parto de los montes entre todo lo que ha sucedido en la historia moderna. Enloquecen los buscadores en la web al tecleo de esta norma, a la que ahora no se le puede adjudicar rescate alguno del mundo rural. Al contrario, aportó agravios hasta ahora inéditos. Dividió a los pobres en tres categorías; de primera, segunda, y los casos perdidos. Destacó a las mujeres rurales en los epígrafes, a modo de reclamo; las mujeres y los niños primero, fue el mandamiento que vino a resumir los anteriores. La discriminación positiva. Y no, tampoco en eso fue certera la ley.

La fábula en la que derivó esa Ley de Desarrollo Rural que ha contado en León con una puesta en escena propia del lanzamiento de una película supertaquillera en Hollywood no aporta nada a este lado del muro, entre el mundo real, entre los más de 200.000 leoneses a los que se anunció como el principio del fin del abismo que separa el mundo urbano del más recóndito de la provincia.

Al punto de que para ver un ejemplo de desarrollo rural sostenible en León hay que recurrir a empresas que han cocinado mujeres, asociadas por su cuenta y riesgo, que no han recibido de las administraciones más que buenas palabras, cuando la respuesta no ha sido desprecio.

Fueron a salvar el mundo rural sin tener en cuenta que lo esencial era respaldar a la mujer para que le diera a ese medio una mínima posibilidad de futuro. A ver qué disculpa se elige ahora con las urnas en los talones para tomar el desarrollo rural en vano.

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