AL TRASLUZ
Por el nombre
Rubalcaba quiere que los compañeros militantes lo llamen Alfredo. Dado que desde su más tierna infancia es llamado así, no creo que este asunto deba ser objeto de primarias, ni siquiera de un congreso. Lo extraño es que solicitase ser llamado Agripino o Rigoberto. Llámenle Alfredo, hombre, aunque sea a cobro revertido. ¿Acaso Bond no pide que le llamemos James? ¿Acaso Paquirrín no reclama que le llamemos Kiko Rivera? ¿Acaso José ya no quiere ser Pepiño? Pues a don Alfredo hay que llamarlo Alfredo. ¿Será por llamar?
Por su parte, el ex alcalde de León no tendrá que pedir que le llamen Paco porque ya lo hacía casi todo el mundo. En su último pleno como alcalde en funciones pronunció una frase que ha sido muy comentada: «A veces también se muere de éxito». Cierto. Y si no feneces, te quedas moribundo. Ahora bien, no todos los éxitos son iguales. Como el colesterol, los hay buenos y los hay malos. En el servicio militar conocí a uno que se apostó que era capaz de comerse cien huevos duros en cinco minutos. Un logró espectacular el suyo, pero casi se licencia a sí mismo y ahí mismo. Ah, por cierto, Fernández dijo lo expresado, no el narcisista: «He muerto de éxito», como algunos han citado malévolamente. Julio César exclamó «llegué, vi y vencí», y no: «Llegué, vi y bailé La Barbacoa ». Fue Felipe González quien advirtió en 1992 a los propios del riesgo de «morir de éxito». No le hicieron caso, ni él mismo se lo hizo.
En estos tiempos oscuros y febriles, en política ya sólo cabe hablar de metas colectivas, no de individuales. Por ello, desde esta columna periodística le deseamos muchos éxitos al nuevo alcalde, de los que no se queden en un viva yo y mis siglas. Sus logros de gestión, de alcanzarlos, habrán de serlo de todos los leoneses, sólo de esa manera se podrá avanzar en medio de esta crisis caníbal, que carece de un único culpable y una única solución. Finalmente, advertir que en esta columna le llamaré siempre por los apellidos, o señor alcalde. Emilio quedará para los encuentros fortuitos por la calle, ese lugar donde todos hablamos catalán, incluso los del Real Madrid. Por cierto, ese estruendo electoral que se oye a lo lejos ¿son tambores de guerra o imaginaciones mías?