FRONTERIZOS
De las musas al teatro
Tiene problemas Izquierda Unida para pasar, como hacía Lope, de las musas al teatro, de la virtualidad teórica al fango de la práctica. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio: contigo porque me matas y sin ti porque me muero. Sobre la paradoja de la copla sostiene IU su existencia: el apoyo al PSOE le pasa inevitablemente factura y llegar a acuerdos con el PP rearma las contradicciones internas y la temida acusación de ejercer de pinza. En ese «vivo sin vivir en mi» se desenvuelve esta organización nacida hace veinticinco años al calor de la derrota en el referéndum de la OTAN. La socialdemocracia española triunfó movilizando todos sus encantos, pero de los casi siete millones de noes nació aquella coalición, integrada por varios partidos minoritarios y con una enriquecedora presencia de independientes. El grupo vivió momentos dulces: 17 diputados en 1989 y 21 en 1996. Luego vino la teoría de las dos orillas y el «sorpasso» de Anguita, la recuperación del PSOE y la decadencia consiguiente de la autodenominada «izquierda real» hasta llegar al solitario diputado que hoy se sienta en la Carrera de San Jerónimo. Pese a que la organización sigue siendo la tercera fuerza nacional, el parlamentario Llamazares es el más caro del país: casi un millón de votos han sido necesarios para llevarlo al Congreso.
En esa búsqueda de su lugar en el espectro político ha vivido la coalición, luchando contra el bipartidismo realmente existente, incapaz de una refundación dinámica, enfangada en la retórica de la izquierda teórica en un mundo complejo que exige respuestas pragmáticas, difíciles para los que toman la política como religión, imposibles para los que buscan respuestas en los dogmas de las lenguas muertas. Y en la conocida capacidad de la izquierda para teorizar la diferencia va diluyéndose una organización incapaz de clarificar su lugar en el sol de la política, derrochado un capital histórico nada desdeñable. Ni siquiera se ha beneficiado de las movilizaciones del 15-M, con las que IU podría tener mayor sintonía programática. La ocupación de las calles por los descontentos pilló al grupo tan despistado como las revueltas parisinas del mayo del 68 a los comunistas franceses, que se preguntaban cómo era posible que las masas estuvieran en la calle si el partido no las había convocado.
En este contexto, es inútil analizar globalmente la decisión de los concejales de IU apoyando la elección de alcaldes populares. Seguro que cada uno de los casos en que se ha producido desencuentro con el PSOE tiene una explicación no desdeñable a escala local. Pero el asunto ha provocado la enésima crisis en la agónica organización, marcando peligrosamente su futuro hacia la insignificancia.