Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Según una encuesta, la mayoría de los leoneses no creemos en la reencarnación, pero, ya puestos, quisiéramos hacerlo en George Clooney. La cuestión es, digo yo, si él quiere que nos reencarnemos en su cuerpo. Menudos atascos. El estudio ha sido encargado por «Campofrío», y supongo que no para que compremos Nespresso. ¿La hizo ya otro año, o me suena de anterior existencia? Lo diré sin rodeos: no creo en la reencarnación, soy católico. Pero si no hay más remedio que reencarnarse, quisiera regresar en la misma especie, no necesariamente racional, en la que haya regresado mi señora. Si ella, calamar; yo, calamaro. Si ella, hipopótamo hembra; yo, macho. Si ella, tigre; yo, tigresa. Vamos, como ahora, que es del Barça y yo del Madrid. Otros, más materialistas, quisieran reencarnarse en la nómina de Francisco Fernández en Caja España-"Duero. Ingenuos, todo el mundo sabe que la ley del karma trabaja con el Banco Herrero.

Me parece más razonable la creencia católica de que tras la muerte arribamos a una sala de espera en la que permaneceremos, leyendo revistas del corazón, hasta el día del Juicio Final. Decía Woody Allen que a él le gustaría reencarnarse en la yema de los dedos de Warren Weatty. Discrepo. Ya no ha de estar para muchos trotes sexuales, ni siquiera doblándole un extra en las escenas peligrosas. Pero, seamos justos, antaño su éxito en las camas fue tanto que su hermana, la actriz Shirley MacLaine, declaró: «Soy la única mujer que conozco que no se ha acostado con él». Supongo que si a Weatty se le pregunta en quién le gustaría reencarnase dirá: «De ombligo para abajo, en Paquirrín, pero sin gota. De ombligo para arriba, en algún futuro presidente demócrata de Estados Unidos». No podría ser, lo imposible también tiene sus límites.

Como dije, no creo en supercherías. Me cuesta aceptar que a los Reyes Magos les dé tiempo a repartir en una noche todos los juguetes como para tragarme que en mi otra edición fui cocinero antes que fraile. Admitámoslo: nacemos, vivimos y nos vamos con la música a otra parte. Es decir, a la citada sala de espera. ¿Volver reencarnados en George Clooney? Hombre, si es durante un ratín. Más que nada por probar qué se siente. Mera curiosidad cinéfila.

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