PANORAMA
Una paradoja
Si no se tuerce el premioso camino de la recuperación económica y el actual ejercicio concluye con el cumplimiento del objetivo del déficit -el 6% del PIB-, quien gane las elecciones tendrá que programar el punto de inflexión a partir del cual las políticas de estabilización fiscal hayan de comenzar a metamorfosearse para pasar a ser políticas de estímulo fiscal, prudentes para no dificultar la convergencia del déficit pero ya encaminadas a recuperar la senda del crecimiento. En otras palabras, si Rodríguez Zapatero, desde el 10 de mayo del 2010, ha tenido que llevar a cabo el descomunal recorte impuesto por los mercados para contener los efectos devastadores de la recesión -agravados aquí por el estallido de la burbuja inmobiliaria- y las reformas estructurales encaminadas a generar el cambio del patrón de crecimiento, quien le suceda al frente del Gobierno tendrá un cometido menos dramático y más gratificante: sin cejar en la profundización de las reformas estructurales que han de acabar de sanear y capacitar al sistema económico, deberá ya dar pasos para generar actividad e ir reduciendo por este medio las tasas de desempleo
Los candidatos a gobernar en la próxima legislatura -Rubalcaba y Rajoy- tienen unos márgenes de discrecionalidad ramplios para sus programas, siempre que se ajusten a las dos grandes pautas que enmarcan la salida de la crisis: mantener los criterios de estabilidad y comenzar a promover el crecimiento. Han, pues, de combinar las reformas con las políticas activas de empleo y con decisiones prudentes de gasto que, sin influir significativamente sobre el déficit, comiencen a revertir las tendencias destructivas del mercado laboral. Naturalmente, para ello habrá que contar con un incremento de la recaudación fiscal, gracias en principio al aumento de la actividad, ya que cualquier subida de la presión fiscal en esta delicada etapa podría frustrar el incipiente crecimiento
El proceso de ajuste no tenía opciones alternativas, no sólo porque venía impuesto por el consenso de Bruselas sino porque la cirugía tiene escasos ingredientes ideológicos. La recuperación tras la crisis sí los tiene, y en el debate Rubalcaba-Rajoy aflorarán sin duda. En concreto, una de las cuestiones que habrá que abordar en esta campaña es, como se está viendo con crudeza estos días, la insuficiencia de la financiación autonómica y local, después de que el sector inmobiliario, que nutría a ambas instancias, se haya desmoronado. Previsiblemente, Rubalcaba optará por plantear un incremento de la presión fiscal, en tanto Rajoy preferirá ofrecer recortes en el gasto. Entonces tendremos ocasión de comprobar (felizmente) que, en contra de lo que alguno ha dicho recientemente en el parlamento extremeño, sigue habiendo derechas e izquierdas en este país.