AL TRASLUZ
Peces de secano
Hablando se entiende la gente, pero tampoco hay que pasarse. El Ayuntamiento de León adeuda 800.000 euros en telefonía, desde el 2008. Una institución de lo más dialogante. La cantidad mensual de gasto en este concepto viene siendo de 40.000 euros en fijos y de 15.000 en móviles. El alcalde, Emilio Gutiérrez, quiere reducirlo en un 30% En tiempos de bonanza, un concejal o personal municipal podía permitirse iniciar cada conversación telefónica recordando a su interlocutor aquello de «yo nací en una ribera del Arauca vibrador», pero hoy, con la crisis, hay que ir más al grano. Gutiérrez aboga por un estilo más lacónico. Como cantaba Stevie Wonder: «I just called to say I love you», o sea, llamé simplemente para decir te quiero, y lo demás ya te lo cuento en el pleno, o en casa. Si hay que contratar a los 100.000 de san Luis ¿no saldrá más barato llamar al representante que a cada uno de los susodichos?
No obstante, ya lo hemos argumentado aquí, a priori no ha de demonizarse a los políticos y al personal municipal que más hablan por teléfono, pues puede deberse a que ellos sean quienes más trabajan, pero también los hay que no saben hilar una conversación profesional sin preguntarle a su interlocutor cómo quedó la Cultu o interesarse por su prima Obdulia. Hace falta más concisión. Por dar una idea, el Consistorio podría reducir a un puñado de palabras y expresiones su vocabulario telefónico. Por ejemplo: cuatro verbos (haber, ser, estar, desayunar), y un puñado de expresiones frecuentes: sí, no, vuelva usted mañana, ostras Pedrín, ¿de qué siglo dice que es la factura?, y tú más, ¿qué tiene la zarzamora?, al enemigo ni agua… Y no muchas más, pues entonces ya se cae en el costoso tertulieo. Siempre será mejor que tener que recurrir a otros sistemas disuasorios, como que a partir de que la llamada municipal sobrepase tres minutos de duración suene el rugido del león de la Metro.
El ahorro en telefonía debería producirse de forma inmediata, por propia iniciativa responsable y solidaria de quienes la utilizan. Hay conversaciones en las que no se puede ni se debe ser lacónico, pero en otras muchas está claro que sí. Sentido común. Por la boca muere el pez, incluidos los de secano.