Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Interesante debate el de si nuestras administraciones públicas deben cobrar por servicios culturales y/o deportivos hasta ahora gratuitos. Acogiéndome a mi experiencia en gestión cultural creo que hoy, ante la gravedad de la crisis, sí deben hacerlo, siempre que los precios sean simbólicos y haya mecanismos que garanticen que podrán también acceder a ellos quienes no puedan pagarlos. Es más, intuyo que en muchos casos la reticencia de los gestores culturales a cobrar entrada se debe a que esta permite conocer cifras reales de visitantes, que suelen ser la mitad de la mitad de lo que se dice oficialmente. Si Larra nos advirtió que «en Madrid escribir es llorar», en provincias ofertar esta clase de programación es un constante «por qué, por qué, los domingos por los toros me abandonas». Y ojalá fuese sólo ese día. Uno mismo ha organizado exposiciones exitosas y otras en las que fue tan poco público que pude haber bailado la danza de los siete velos, sin que se me desmayase nadie. Muchas veces, ni siquiera la más visitada es la mejor. Si el temor es a que los pocos (y buenos) que acostumbran a ir a exposiciones dejen de hacerlo si tienen que pagar, aunque puedan permitírselo, entonces, nuestra sociedad tiene un serio problema, no sólo económico. ¿Hay alguien que todavía no se haya enterado de que eso de ahí es una enorme crisis?

Pero no confundamos el arte o cualquier otra manifestación cultural con respuesta del público. Van Gogh no vendió un cuadro en su vida y hoy su museo es de esos que, precisamente, sí cobran la entrada. Cuidado también con confundir logro artístico con autocomplacencia. El verdadero creador sabe que, en determinados aspectos, siempre se fracasa. Y que a veces el mayor fracaso es cierta clase de éxito. O sea, de aplauso. Por ello, en principio, sí me parece correcto poner precios asequibles a lo que venía siendo gratuito. En unos casos con la entrada se pagará, o se contribuirá a pagar, el gran catálogo y en otras el humilde tríptico. ¿O es que hay quienes van a los museos sólo a utilizar el servicio? No son tiempos para exquisitos con monóculo, sino para sacar las viejas verdades del arcón. Lo hemos escrito ya: Todo está inventado, incluso la entrada.

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