Diario de León
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León

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T ime is money», decía Benjamin Franklin. Ni puñetero caso le prestan estos políticos que repiten como papagayos recetas de austeridad económica tal que el tiempo no fuera más que una birria. Y sin embargo el tiempo debería resultar en estos momentos una joya más preciada que nunca en el ámbito de la gestión pública. Resulta desazonador, por decirlo muy suavemente, volver a contemplar a los recién electos enfrascarse como hace cuatro años, y no digamos ya hace ocho, en cuestiones tan capitales para la vida de cinco millones de parados y no se sabe cuántos millones más que preparan el flotador por si es posible resistir aún a los embates de esta tormenta perfecta, acerca de si es necesario trasladar las cenizas de Franco del Valle de los Caídos, si el futuro líder de los socialistas debe ser capaz de gritar en público «¡Viva España!» sin azorarse o si ahora hay que volver a relegislar el matrimonio homosexual.

Si es como piensan empezar la legislatura tanto quienes han llegado al Gobierno como los que se han visto arrinconados en la oposición, no va a haber Dios que nos salve. Así arrancó Zapatero, dilapidando un tiempo y unos recursos inapreciables en la legislación de auténticas chorradas, y así estamos. Más le valdría a Rajoy hacerse el sueco de Sanxenxo que tantos réditos le ha deparado en su última etapa, que perder ni un minuto en debates absolutamente triviales en el tétrico contexto cotidiano, sino quiere durar todavía menos en La Moncloa de los que no pocos le auguran. Llevarán blazers neocons de Hermès o gabanes de alpaca «gauche caviar». Pero a mi me parecen unos auténticos frikis derrochando días y horas en el tipo de banalidades zapateristas y bibianadas que nos han afanado y dividido a propósito de si debía milimetrarse la paridad en los consejos de administración, en las vocales de género o sobre la rotulación comercial al unísono en catalán, castellano y swahili.

Ojalá no vuelva otra vez el día de la marmota. Pero hasta en Ponferrada la memoria histriónica de nuestros frikiadministradores nos devuelve ahora a la actualidad la trascendental disyuntiva de si debe enterrarse o no después de diez años la empresa municipal del suelo, Pongesur, que tanto obsesionó inútilmente a los sucesivos cabezas de lista del PSOE en la capital berciana y que acabó sepultándolos electoralmente. Pues si a ellos les sobra el tiempo a la mayoría no.

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