Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

Los fugitivos de su sombra

Publicado por
JESÚS A. COUREL
León

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A primera hora de la tarde me di cuenta que mi fiesta de fin de año iba a ser probablemente un fracaso, como de costumbre». Así arranca Michel Houellebecq su relato de unas vacaciones en Lanzarote —el 31 de diciembre de 1999—, con los ingredientes habituales de su mundo (de talla mediana, como él lo define) donde se agitan pedófilos, lesbianas «no exclusivas», azraelianos y fantasmales turistas noruegos. Algo menos intensa será para muchos la nochevieja, aunque tendrán que enfrentarse al triunfo y al desastre, como recitaba Kipling en aquel poema titulado «Si» que tanto gustaba a José Antonio Primo de Rivera. En estos días de desasosiego, les recomiendo la narración amena sobre el aburrimiento que hace Houellebecq. Un acaramelado desencanto de la existencia en las zonas templadas del planeta, donde la vida pública se compara con los ritmos del espectáculo y el entretenimiento; donde cualquier episodio de solidaridad se convierte, por su extrañeza, en noticia. «La vida tiene poco interés, salvo porque hay perros», decía el pesimista Schopenhauer. El ilusionista René Lavand nos descubre el truco mágico para vivir: la huida permanente. Ser fugitivos de nuestra propia sombra, que diría Borges. Lo malo es que ésta siempre nos alcanza y nos recuerda a menudo las impertinencias que no queremos oír. Por eso, a Ramón J. Sender le parecía que «nacer es un error que el hombre discreto va rectificando a lo largo de su vida».

Este año acaba, como otros, con la búsqueda de la reconciliación de los opuestos, como predica el famoso poema de Rudyard Kipling. Entre la opulencia y la miseria, el autor británico exhorta a «caminar con reyes y no perder el contacto con la gente». Que se lo digan a Urdangarín. O a los que viven sobre los nichos del cementerio de Navotas, en Manila, por aquello que dice el rey que «la justicia es igual para todos». Pero no se aflijan porque nada es del todo verdad —que decía el filósofo griego Pirrón—, pues cualquier posición sobre ella podría ser tan correcta como errónea.

El investigador Stephen Jay Gould, que estudió los fósiles del famoso «esquisto de Burgess» (Canadá), dedujo que descendemos de un gusano cordado de nombre «pikaia gracilens», que vivía en el periodo Cámbrico hace 570 millones de años. Si Pikaia no hubiera sobrevivido, estaríamos barridos de la historia. Ese azar nos demuestra que tenemos, en palabras del paleontólogo, «la máxima libertad para prosperar, o para fracasar, de la manera que nosotros mismos elijamos». Como diría Sender, siento envidia de los hombres que han pasado su vida estudiando las amebas… Había que hacer algo.

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