Diario de León
Cristina Fanjul
León

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No es que algo huela mal en León. Eso sería como ponernos a la altura de la Dinamarca relatada por Shakespeare y, la verdad, lo que soportamos en esta ciudad es mucho más vulgar que las tribulaciones del joven Hamlet. Aquí, los fantasmas tienen una sombra cañí que mueve más a la sorna que a la tragedia, pero Plutarco disfrutaría haciendo paralelismos.

Todo se desarrolla en un entorno palaciego en el que incluso tenemos foso y dragón. El historiador clásico podría hablar del espíritu del padre asesinado, alentando venganza desde la otra vida. La única diferencia es que la Estigia es el estanque dorado de la prejubilación. Y vidas paralelas también serían las del joven o la joven Hamlet, devorada por las intrigas y las confabulaciones, Rosencrantz y Guildenstern, los amigos de antaño, ahora reconvertidos en críticos, merced a los nuevos equilibrios de poder, y la de Horacio, intentando defender la plaza frenando las levas de nuevos peones mientras cuela de rondón las suyas.

También podría Plutarco hacer de biógrafo de la reina Gertrudis, que se sirvió de Mercurio (hoy en el Olimpo de Madrid) para depositar el veneno en el oído del finado, y de Fortimbrás, delfín del rey de Noruega, tan lejos y tan cerca, siempre a las puertas de Dinamarca, siempre acechante…

En fin, que el rey Claudio aún no sabe por qué, pero la ciudad no es el mejor lugar para pasear estos días, sitiada como está de olor de las alcantarillas.

No paran de hablar del sacrificio debido mientras siegan los sueños de la clase media y, sin embargo, sigue en el aire el tufo de la inmoralidad más obscena. Dicen los altos cargos de Caja España que no tienen ninguna obligación de hacer públicos sus sueldos. No lo hagan, ya sabemos que hablamos de varios cientos de miles, más de cuatro y de cinco.

Sueldos e indemnizaciones millonarias pagadas con dinero público, y todo para terminar engullidos por Isidro Fainé. De Caja España a La Caixa y de La Caixa a Caja España, y tiro porque me toca… Y dicen que los porcentajes seguirán cambiando. En fin, que se han gastado (se han ido por el sumidero) cuatro millones de euros en sueldos a consejeros y directivos mientras se juega con la vida de cientos de curritos de a 600 al mes que terminarán en la calle. Son nuestros Yorick, los que llenan las fosas comunes de la historia. No es que algo huela mal, es que está podrido.

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