Diario de León
Publicado por
ANTONIO PAPELL
León

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Camps y Costa, antiguo presidente de la Generalitat Valenciana y antiguo secretario general del PP regional respectivamente, han sido declarados no culpables por cinco conciudadanos —así calificó el propio Camps a los jurados— que no han encontrado pruebas suficientes que demuestren que los dos procesados recibieron regalos (trajes) de la trama Gürtel, una mafia de corrupción formada por indeseables que se han enriquecido hasta la náusea a costa de los contribuyentes y que han encontrado la complicidad de numerosos políticos populares. Y ello a pesar de que otros dos acusados en la misma causa, que quisieron ahorrarse el calvario judicial ya reconocieron su culpa y admitieron el cohecho impropio

Es difícil no apreciar en todo esto la misma inconsistencia moral que ya existió en las pasadas elecciones en la comunidad valenciana, cuando ni la evidencia de un gigantesco episodio de corrupción —en el que el asunto de los trajes era sólo la guinda—, ni los primeros síntomas de que habría que pagar las consecuencias de un despilfarro ostentoso de muchos años que había esquilmado las arcas regionales tuvieron efecto alguno ni en la campaña ni en los resultados electorales. En cualquier caso, es evidente que esta no culpabilidad resulta embarazosa para el PP, que se obstinó en judicializar el caso Camps en lugar de abordarlo políticamente desde el primer momento.

Camps fue retirado in extremis de primera línea —se le obligó a dimitir— para evitar el espectáculo de un presidente de la Generalitat en el banquillo. No se le apartó antes de la candidatura popular, que revalidó el 22 de mayo del año pasado, a pesar de que ya se conocían sus relaciones con Álvaro Pérez, el jefe de la trama mafiosa en la comunidad valenciana y el papel que este desempeñaba en la cúpula popular.

Génova, en fin, fio el desenlace del escándalo al desarrollo que tuviera en los tribunales. Pues bien: Camps es no culpable, por lo que lo lógico es que se le ofrezca una reparación. Camps y Costa están en su derecho de exigir al Partido Popular que la misma lógica política que ha funcionado hasta aquí sea aplicada de ahora en adelante. Puesto que el cohecho impropio no ha podido probarse, los dos deberían ser restituidos en sus anteriores responsabilidades.

Es poco probable que eso ocurra porque la cúpula popular (como la ciudadanía) sabe que estos individuos, que se dejaron seducir por unos facinerosos han salido laminados de una vista pública que los ha destruido políticamente, y que ha transmitido de ellos una imagen penosa que harían enrojecer hasta a quienes hubieran perdido del todo el sentido del ridículo.

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