CRÓNICAS BERCIANAS
Pachuca
E n Ponferrada recordamos a veces Pachuca. La capital del estado azteca de Hidalgo es nuestra ciudad fraternal desde hace ya varios lustros. Por eso me afligió conocer que todos los ponferradinos somos en realidad carnalitos del mayor narcosicario del país, Heriberto Lazcano. El Lazca es el capo de los Zetas, el cartel que siembra de terror en la misma medida que de cadáveres toda la franja del Golfo. Me enteré de la cuna hermana del Lazca , al que apodan también El Verdugo , porque se está construyendo un mausoleo en los alrededores de Pachuca que rompe con la pana. Y será un asqueroso asesino, pero no se podrá decir que no es previsor. Tiene sólo 37 años y aunque se supone que nada en la opulencia debe descontar que sus noches resultarán muy intensas, pero que no acabarán siendo demasiadas con esa mala vida que lleva. Ni siquiera los narcocorridos que glosan sus «hazañas» deben embriagarle tanto como para saber que sus días pueden estar más que contados con media guardia nacional pisándole los talones.
Tal vez es lo que deberíamos empezar a hacer ya también en las cuencas mineras. Montar empresas de pompas fúnebres o de construcción de nichos —como otro Plan E pero de Enterramientos— para ir tirando y estar prevenidos. Porque las buenas palabras de los nuevos gobernantes del PP sobre el gran futuro del carbón en el mix energético de este país han de empezar a tintinearnos como los narcocorridos que los guitarrones aduladores regalan al infausto carnal.
A este paso tendremos que terminar demandando a Pachuca la compensación de los fondos generosos que destinamos a proyectos socioeducativos en esa pobre comunidad. Este Gobierno podrá convencernos de que quizás al Bierzo no pueda llegar ya el AVE en el mar de dispendios en el que se ahoga el país. Pero que no intente que comulguemos con sus razonamientos y los de sus mamporreros —como la ignorante diputada de CiU Imaculada Riera— para suprimir los fondos que, si cabe mejor fiscalizados, han de seguir insuflando vida a las cuencas carboneras. Porque unos suenan a milongas sangrantes para acompañar el desfile mortuorio y otros, como los del diputado popular Ovidio Sánchez o los pretextos tibios del consejero Villanueva, a irreverentes chirigotas. También canta ahora tanto apasionamiento crítico en la socialista Helena Castellano.