Diario de León

ASUNTOS INTERNOS

El administrador concursal

Publicado por
j. a. gundín
León

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Mariano Rajoy será un buen presidente del Gobierno, tengo fundadas esperanzas en ello, pero hasta ahora sólo da muestras de ser un diligente administrador concursal. La empresa está en quiebra y él, tras arremangarse ante los libros de contabilidad, ha empezado a impartir órdenes de ejecución. Está bien, pero no es suficiente.

La acción de gobierno va más allá de la mera tarea administrativa, sobre todo cuando las decisiones que se toman causan dolor, siembran la confusión y multiplican el desánimo.

De un presidente se espera pulso firme y competencia en la gestión, pero no sólo: también debe ejercer como el líder de una nación en medio de la tormenta. Es en esa encrucijada cuando el ciudadano más necesita confiar en sus gobernantes y oír la voz segura de quien está al frente. A Rajoy no se le oye. El ruido de las polémicas, de los recortes, de los escándalos le relegan a un segundo plano. Sus ministros se multiplican, pero él se diluye en una brumosa trastienda.

Sabemos que hay un Gobierno con gran determinación, pero no estamos seguros de quién lo pastorea. Una de las cualidades políticas más sobresalientes de Zapatero era su capacidad para armar mensajes y dotarlos de vida propia, como pequeñas historias fáciles de digerir por la gente de a pie. Lo de menos era si había algo sólido detrás, sino su eficacia divulgadora que creaba estados de ánimo.

Esto es lo que le falta a Rajoy: sabemos que la mayoría de las decisiones que pone en marcha son correctas o inevitables, pero nos las presentan como recetas amargas, como aceite de ricino o inyecciones dolorosas. Falta la explicación o, si se prefiere, el discurso del líder que nos convenza de que tanto sacrificio no será en vano.

La gente podrá tener fe en las medias de Rajoy, es posible que también tenga confianza en su competencia y su honradez, pero ¿quién le alimenta la esperanza y le mantiene viva la ilusión en el futuro?

Un administrador concursal no necesita corazón para ser eficiente, pero un presidente del Gobierno, sí. Tal vez sea eso, que predomina la cabeza y se acalla el latido del corazón, única señal de que seguimos vivos.

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