LA GAVETA
El Bierzo de carbón
El Bierzo es pequeño en extensión pero muy complejo en valles y colinas, en acentos y secretos; en llanuras y cumbres. Mucho más variado de lo que se cree, es una región en toda regla. Formada por microscópicas comarcas, por así decirlo.
El Bierzo, además, está en una de las provincias más diversas de España. En paisaje y gentes. Entre Sajambre y la Cabrera hay unas diferencias descomunales. Entre Tierra de Campos y Valcarce puede que aún más. Entre Cea y el Selmo hay todo un mundo de geografía física y humana. ¿Qué berciano conoce Cea? Deben ser cuatro. Y viceversa.
La región es una enciclopedia de todo el noroeste. Un concentrado. Y aunque se pueden hacer muchas demarcaciones, tal vez se cabría resumir todos esos Bierzos en dos. Uno dulce, suave, de vinos y cuentos, de pequeñas lomas. Es el más unido al camino de Santiago, y también acoge al valle del Boeza en su tramo bajo. En el borde abrupto de este tramo jacobeo se escondieron los monjes altomedievales. Por ello, Peñalba, Compludo, Montes… también pertenecen a ese Bierzo más monumental y poblado.
Pero al norte hay otro. El rudo y minero, y no menos bello. Con sus villas de la energía: Toreno, Fabero, Matarrosa, Vega de Espinareda, Páramo del Sil. Ese mundo está en armas. Junto con sus hermanos de Laciana, del resto de la montaña leonesa, del norte de Palencia y de las históricas cuencas asturianas. Con el añadido cordial y lejano de los mineros aragoneses, de la provincia de Teruel. Que también existe.
El Bierzo de la antracita y de la hulla se la juega. Y todos sabemos que van a ganar los mineros su lucha. O no van a perder por esa goleada que el gobierno ha dictaminado. Va a ser de un modo u otro, pero no del que remacha Madrid. Estamos seguros, por mucho que lo niegue ese ministro que parece Aznar aunque más alto y con una voz casi caribeña. El señor Soria. Este hombre ha mantenido hasta ahora una actitud de gran altanería, de mucho hablar de que no hay dinero, y de otras razones, sin duda respetables, pero demasiado crueles. Porque acabar con la minería, aunque sea algo inexorable para los gurús económicos (esos gurús que nunca aciertan) es acabar con comarcas enteras de España. Pero es que, además, es una gran imprudencia abandonar toda una industria de interés estratégico. Aunque ahora no lo sea. De momento.
El Bierzo duro y alto, minero y olvidado, el Bierzo un poco escondido en estos años de lujos y celofanes, está ahí. Como los germánicos frente a Roma. Gladiadores que gritan desde los bosques carboníferos. Están ahí, pelean. Y no van a ceder o achantarse: ellos no son los muchachos indignados de la clase media. Ellos juegan con fuego real. Y son tenaces y tienen razón.