La opinión del lector
Recortes necesarios
No hay efecto sin causa. Es precisamente la causa que me obliga a escribir sobre los efectos que se asentaron en nuestro suelo patrio hace más de 70 años. La paz se encontró con causas que esperaban el efecto de normalizarlas. España no contaba con algo más de 30 millones de habitantes, una industria mediocre, un campo escasamente productivo, una minería durmiendo aletargada, pocos brazos y cerca de un millón de desempleados.
A tales necesidades, una sanidad escasísima. El 14 de diciembre de 1942 se crea un sistema para reparar un daño físico (asistencia sanitaria). Y, reconociéndose pobres, ayudamos al Estado aceptando la asistencia médica y no la gratuidad de los medicamentos por espacio de seis meses. Muchas más obras se modificaron o crearon. La minería, como fuente de riqueza fue la primera en florecer. Los ferrocarriles, con sus cinco principales compañías se agruparon en 1941 en Renfe con ancho normal en siete jefaturas.
El 27-2-1908 habiéndose creado el Instituto Nacional de Previsión venía difundiendo e inculcar la previsión popular. El campo comienza a retirar los bueyes y adquiere ganado mular para la arada. Los hijos de agricultores acuden a la Universidad masivamente. Las empresas de más de 50 productores crean escuelas de aprendices que los números «uno» acceden a las universidades laborales. Renfe, que en 1947 contaba 130.000 agentes, incrementa las universidades militares de complemento y se preparan para fogoneros, maquinistas, factores y personal de talleres. Se nutren las empresas, incluso acuden con algunos al dedo o enchufe. Incluso lo solicitan (me llamó la atención de la pregunta que José Antonio Primo de Rivera respondió a uno: «Prepárate bien, preséntate y verás cómo tienes el ingreso deseado»). El dedo proliferó abundantemente y, los puestos a cubrir se multiplicaban innecesariamente.
Con la abundancia y la introducción de la técnica, Franco llenó España de pantanos. Regando lo que nunca había sido. Pero España durante el transcurso de varios gobiernos después de 1972, comienza, cómo no, que la administración, toda, a lo que José Antonio hubiese dicho: que las cosas no están hechas como son.
Recordar tanto y tanto supondría llenar miles de folios. De ahí que recordando, debemos caer en la cuenta de que España está necesitando el recorte anunciado. Creo que en el momento que logremos la estabilidad de las cosas con inclusión de que los sueldos eran lo justo a lo necesario según la función a desempeñar, hemos logrado lo deseado sin alboroto parecido al que Carlos Marx escuchó desde el balcón del despacho donde redactaba el manifiesto comunista en 1848: «esto no es lo creado», mirando a la cara de Engels.
Toda mejora, si es preciso, necesita recortes. Recuerdo que España allá por el año 1977 necesitaba ayuda económica de todos. Lo que más nos dolió es que a cada nuevo contrato se le restaba un tanto por ciento del jornal, una cantidad para compensar el precio del medicamento. Partiendo sí de un estado de pobreza, ¡qué podía ser!
El número de maestros nunca lo tuvieron presentes los gobiernos monárquicos o republicanos. Y, después, desde el 2003 con el cierre de escuelas para poder mantener el sueldo a tanto político en las esferas del Estado; sobran maestros y así nos van las cosas. Para ellos no hay recortes, ni para los cientos de desempleados con o sin título e hipoteca del ladrillo y banco.
Santiago Fco. Benavente. SAN ANDRÉS DEL RABANEDO