TRIBUNA
No somos números
El ser humano, a lo largo de la historia, ha sufrido los más diversos reduccionismos en su comprensión. El más generalizado en el momento presente consiste en reducirlo a un mero dato estadístico dentro de un universo macroeconómico. Los medios de comunicación van mermando el espacio de reflexiones o noticias de tipo humanista para engordar los espacios dedicados a los deportes o las informaciones económicas, en las que aparecen conceptos y expresiones absolutamente desconocidas hace menos de un lustro.
El tema, aparentemente anecdótico, tiene una relevancia especial. Ante la fragilidad de las ideas, los números parecen aguantarlo todo, incluso la justificación de la injusticia. Se ha creado un halo de misterio en torno a los datos económicos hasta el punto de mitificarlos: el IVA, el PIB, la reducción del déficit, el crecimiento económico, la prima de riesgo, etc. expresiones todas ellas que manejan los economistas que se han trasvasado a la sociedad, y son reconocidas como «mantras» ante los que han de supeditarse la vida personal y social, el despido sin derechos, los desahucios sin piedad, las vergonzosas pensiones «blindadas», las indemnizaciones millonarias de banqueros, consejeros y hasta representantes sindicales, la explotación de las clases medias, los sacrificios generalizados para mantener los privilegios de unos pocos.
Este sombrío panorama se sustenta, en el actual discurso político, en un absoluto desprecio por el ser humano subyugado a la dictadura de los números. Son los números de la macroeconomía mundial, del FMI, del Daw Jones, del Nasdaq, del Nikkei o del Ibex 35, exigencias de las agencias de calificación o exigencias del Banco europeo… Un ser impersonal y cuasi divino, que se revela a través de oráculos en los mercados bursátiles y financieros establece, de forma imperativa, conductas sociales y personales con la dictadura de los números.
En este mercadeo de intereses ¿nadie reconocerá que el ser humano, concreto, con nombre y apellidos, vale más que todos los índices económicos, por importantes que sean? ¿Nadie recordará, parafraseando a Jesús de Nazaret, que la economía es para el hombre y no el hombre para la economía?
No somos números, ni la vida humana tiene que desarrollarse sometida a la tiranía de los números, especialmente cuando dicha tiranía va dibujando el nuevo feudalismo en el que la ciudadanía es convertida en la masa feudal que, engañada con el cebo de seguridad y el supuesto «bienestar», paga con su miseria el derroche de sus explotadores. Todos estamos obligados en la búsqueda del bien común, pero éste jamás se fundamenta en la injusticia, el atropello, la degradación en la consideración de la dignidad humana. No se puede extorsionar, desahuciar y aumentar gratuitamente la marginación social, tan sólo por rendir unos «números aceptables».
Desde el humanismo cristiano denuncio tamaña injusticia y reclamo la defensa de del ser humano en su dignidad y en sus derechos básicos, a los que están supeditados todos los indicadores económicos. No podemos volver a «vender por treinta monedas» la vida del ser humano.