Diario de León

FUEGO AMIGO

La ciudad de los templarios

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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El viejo puente de hierro que dio paso sobre el Sil a los peregrinos jacobeos bautizó a Ponferrada, donde el legado esotérico de los templarios permanece arraigado en el imaginario colectivo, a pesar de los siglos dedicados a engordar su leyenda negra, que también han contribuido, quizá sin quererlo, a reforzar su atractivo. Ningún otro monumento peninsular puede competir con el castillo de Ponferrada en la disputa por esta primacía templaria. Porque, según la tradición, en sus pasadizos y recovecos se esconden numerosos tesoros y entre ellos el Arca de la Alianza, que es la joya mayor de la cofradía esotérica.

De la fortaleza del Sil partirían imaginarios túneles que comunican su recinto con el castillo aguileño de Cornatel, con la atalaya señorial de Corullón o con la ciudadela vinícola del Castro Ventosa, entre Cacabelos y Villafranca. A pesar de los muchos destrozos y expolios, que incluyen el atentado municipal que se llevó a cabo hace casi cien años, lo conservado de la fortaleza da idea de su valor estratégico. Entonces, un alcalde mandó arrasar su interior y desmochar las torres más airosas para construir dentro del recinto un estadio de fútbol. Pero ni siquiera con aquel atropello perdió el embrujo. Su emplazamiento colgado sobre el Sil refuerza el vuelo de la imaginación del visitante, ya impactado por la silueta de su entrada entre torres y almenas.

Otros lugares jacobeos incentivan el camino iniciático hacia Ponferrada. El mismo que habría seguido como peregrino el último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, salvado de la hoguera inquisitorial, a la que lo había condenado una traición urdida por el rey francés y por el Papa. En Villasirga, la leyenda promete descifrar el secreto que oculta el tesoro de los templarios a quien consiga golpear con tino el lugar exacto en que se posa el rayo solar de los equinoccios. Las dos cabezas alojadas en el tetramorfos, donde además un cerdito reclinado sustituye al buey tradicional, guardan el enigma. Más adelante, ya en la frontera leonesa, Terradillos de los Templarios vuelve a seducir con una ingente bolsa de oro. Las esconde el vientre del Torbosillo, cerca de este pueblo de Campos por donde discurre el arroyo de los Templarios. Pero el lecho del tesoro sólo pueden detectarlo, en la alborada de San Juan, las gallinas que picotean por la calle con sus polluelos.

Ponferrada ha recuperado el castillo como espacio singular de cultura en el núcleo de la ciudad histórica. Esta semana inauguró la biblioteca templaria y a mí me abre las ganas de buscar en sus anaqueles Bosque hacia oriente, salida por poniente (1977), la olvidada novela de Sigrid Thimmel que promete el hallazgo del tesoro en la encrucijada de sus pasadizos.

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