AL TRASLUZ
Democracia comestible
Se pregunta el senador socialista Ibán García Blanco si en León le habremos hecho algo al ministro Soria. Y cavila: «A lo mejor hizo aquí la mili, porque venían muchos canarios». Y muchos madrileños, incluido quien esto escribe. Desde luego quienes estuvimos a las órdenes del sargento primera Picurri, aquel de «chaval, te doy una galleta que subes, bajas, bajas, subes y cuando estás bajando aún crees que estás subiendo» quedamos marcados, no diré que como Rambo y su «no siento las piernas», pero casi. En mi compañía, el único canario se marchó de baja con la vejiga convertida en estalactita de la cueva de Valporquero. Pues lo mismo Soria hizo la mili en El Ferral. Ya puestos a preguntar... ¿dónde la hizo García Blanco? A él le pega ser más de Desaparecido en combate .
Asimismo, el concejal de UPL López Sandino pide que estas navidades consumamos productos leoneses, pero ni una lonchita de los quesos de nuestra tierra promocionados bajo la denominación «Queso castellano», petición que nos parece irresponsable. A mí no me importaría que me promocionasen en Hispanoamérica como «columnista gallego». Dice el concejal: «Los cuatro que se han incluido en el sello autonómico, creemos que voluntariamente, debían haber pensado antes si les merecía la pena». Pues, sí, son libres de hacerlo. ¿O vamos a instaurar una gestapo del consumo? ¿Y el paisano que prefiera el jamón de Guijuelo a nuestra gran cecina?
Hagamos patria chica en tiempos de crisis, pero sin macartismos gastronómicos. Chesterton utilizó la expresión «patriotismo cósmico» para definir su sentimiento de pertenencia al universo, compatible con creer que no hay cielo tan bello como el que cada cual ve desde su propia ventana. Voy a consumir productos leoneses, tengan esta o aquella etiqueta, con libertad ni vetos, pues no le hago ascos a ningún manjar, si me lo permite mi dieta. Tan grato me es naufragar con Eva Mendes como con Jennifer López; si es necesario, los días pares naufrago con una y los impares con la otra. Hoy no será el fin del mundo, todo seguirá tal cual: incluidos los ricos quesos castellanos, la sabrosa morcilla de Burgos, el rotundo botillo berciano, las mollejas, el picadillo… y la condición humana.